TRIBUNA ABIERTA | O |
14 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.HACE MÁS de un año que un barco que no era nada más que chatarra flotante llamado Prestige navegaba frente a nuestras costas transportando miles de toneladas de fueloil sin seguridad alguna y, pasó lo que tenía que pasar en medio de un fuerte temporal. Por ello, sufrimos la mayor catástrofe de la historia de esta costa. Hemos llorado contemplando nuestras playas, rocas y el propio mar cubierto de una espesa capa de petróleo. Todo el paisaje se tornó negro, con la negrura de la destrucción y de la muerte. También vivimos la enriquecedora y gratificante experiencia de la solidaridad de jóvenes y no tan jóvenes de toda España y de distintos lugares del mundo que acudieron masivamente a ayudarnos a limpiar y recuperar nuestras costas a quienes les estaremos eternamente agradecidos. Fue una primera marea blanca. Pero como las desgracias no vienen solas, este año hemos vuelto a sufrir una nueva marea con la llegada a nuestras playas de numerosos fardos conteniendo cocaína que, presuntamente, arrojaron al mar los narcotraficantes al ser sorprendidos por las fuerzas policiales. Es la marea de las desgracias, del sufrimiento y de la ruina de muchas familias, la segunda marea blanca que ha introducido en nuestra costa ingentes cantidades de esa droga, pues no todo lo que se ha encontrado ha sido entregado a las autoridades tal y como ha denunciado la diputada Marisol Soneira. Es el dinero fácil para los que carecen de escrúpulos y por lo que en los lugares de la movida de nuestros municipios a fariña e as raíñas han corrido y corren con toda impunidad entre los jóvenes y no tan jóvenes con graves consecuencias. Muertos vivientes Es necesario tomar conciencia que sólo se vencerá a la droga desde la educación en la familia y en la sociedad, desde la prevención y desde la idea de que el primer valor es el hombre y no el dinero ni las cosas. Ante el narcotráfico es necesario incrementar la presión policial. Se la debe dotar de más medios humanos y materiales para impermeabilizar la costa y cortar el trapicheo diario. Es lamentable ver deambular a tantos con las vidas arruinadas y convertidos en muertos vivientes , cuya vida se resume en el afán de conseguir la dosis. Primero fue la marea negra y ahora esta segunda marea blanca. Ambas sólo han traído a la Costa da Morte destrucción y sufrimiento.