Cuenta nueva

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

04 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

AQUELLOS CAMINOS nuevos que van a dar a la mar se acaban. Se cierran. Esa tierra que cubrirá la zahorra abrirá un paisaje nuevo, un paisaje del que definitivamente desaparecerán los contenedores, los camiones saliendo de las playas y los pocos monos blancos que, como un recuerdo lejano de aquella marea de voluntarios, quedan trabajando por la Costa da Morte. El Prestige se acaba. Aparecerán dentro de diez años reportajes que digan que perviven restos de contaminación bajo la arena o en el fondo del mar, pero para entonces la cosa será como un eco lejano, en un momento en el que ya nadie se acordará de ayudas ni de trasiegos a la caza del chapapote. Lo que queda estará escondido entre las rocas y en el fondo del alma de los que esperaban que después de tanta negrura apareciera un mundo distinto. Con suerte, en diez años los puertos serán más bonitos y los turistas se alojarán en paradores.