La animada vida de la chatarra

Elena Silveira
E. Silveira CARBALLO

CARBALLO

E. SILVEIRA

Reportaje | Artesanos de la comarca El vecino de Laxe Salvador Gil Varela utiliza su imaginación y su experiencia como ferreiro para elaborar originales piezas de hierro sobre escenas de la vida cotidiana

05 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?on una pala, la cadena de una bicicleta, un martillo roto, tubos de fontanería, tornillos e hilos de alambre, Salvador Gil Varela consiguió crear, a base de soplete, un guitarrista heavy metal . Y más que por el estilo musical, por el material con el que lo forjó. Esa es la primera pieza que este ferreiro de Laxe creó con la chatarra que llega a sus manos, dando rienda suelta a su creatividad, lejos de los encargos relacionados con su profesión. Después vinieron más y, ahora, su taller casi se ha convertido en un pequeño museo donde acumula las piezas artesanales que va realizando en su tiempo libre. En ellas recrea escenas cotidianas del pueblo, como una que se desarrolla en el bar del puerto y que tiene como protagonista a un «señor cativiño que sempre intenta meterse entre a barra e o corpo da persoa que está apoiada nela». Pero Salvador, con un boceto a lápiz y su imaginación, también es capaz de reproducir en miniatura una operación en un quirófano, el concierto de un violinista, las oraciones de un rabino, el trabajo de un albañil, la paciencia de un pescador, la tensión de una partida de póker en el viejo Oeste o el sacrificio de una familia de pescadores después de una jornada en el mar. La mayoría de las figuras que realiza este ferreiro de Laxe están pensadas y elaboradas en clave de humor. De todas, la que más llama la atención por su comicidad es la de «Os mexóns», como la llama Salvador. En ella se ven a dos paisanos aliviando sus vejigas contra una pared. Este artista ha recibido ofertas tentadoras para ceder sus obras, sin embargo él asegura que no vende ni expone nada: «Se tivera que vivir delas, podería, porque obtería máis beneficio que colocando portas e ventás. Pero estas pezas as fago como distracción, sen querer obter cartos por elas», explica Salvador. Asegura que las ideas le surgen con tan sólo ver un tornillo doblado y que utiliza su imaginación para darles forma y conseguir la figura que desea. El único obstáculo que encuentra son los pies: «Non se me dan ben, non son capaz de darlles a forma do zapato», asegura. Sin embargo, sus figuras impactan y, de hecho, los voluntarios del Prestige las recuerdan muy bien porque una de ellas, una de las de gran tamaño, fue la que les daba la bienvenida cuando llegaban al pueblo.