PASABA POR AQUÍ
15 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EN LA Costa da Morte a los que cortan el bacalao, por lo general, no les gusta mojarse. Aquí parece que no hay prisa para conseguir nada, que los años de la zona valen por dos de fuera, como el kilómetro gallego, que es igual a dos castellanos. Todo va con calma y los únicos que piden son, como suele ocurrir, los que ya saben de antemano que no les van a dar. Es curioso. Los únicos que se mojan son los chavales que esperan el autobús en una marquesina mal hecha o los marineros que se bañan todo el año en agua salada, como los que gustan de pasarse los inviernos en el Caribe pero con la ventaja de no moverse de casa. Se mojan los que viven del campo, los que pegan ladrillos por cuatro duros al mes o los que barren las calles. Y, sin embargo, los que deberían mojarse son muchas veces plantas de secano que esperan a que las cosas les caigan del cielo sin abrir la boca. Y así nos va.