Crónica | Los 104 años de Eliseo Torres Su vida fue otra vida. Él mismo lo reconoce. Desde que, de niño, estudiaba la lección con la única luz de una vela, han pasado ya cien años. Eliseo Torres cumplió ayer 104
14 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?e cuesta recordar el día de su boda. «Pero fui en coche de caballos, de los que alquilaban enfrente del Colón», explica. Eliseo Torres pasó el día de ayer rodeado de toda su familia. Cumplía 104 años. «Tiene el mejor estómago de la casa», reconocía su hija Matilde, de 77. Él le llevaba la contraria y se quejaba de que los ojos y las piernas no le responden: «Tengo un despertador en la mesilla y antes podía arreglarlo yo sólo cuando se estropeaba, pero hace tiempo que se rompió y no fui capaz de encajar unos tubos porque eran muy pequeños. Tuve que mandarlo al relojero». Sentado en una butaca de su habitación, frente a su inseparable Camilo («un canario que llegó el día del santo y le quedó el nombre», matiza su hija), cuenta que ha recibido un centro de flores del Ayuntamiento. «Es de Paquito; Fraga este año no me mandó nada», explica Eliseo. Le cuesta recordar la cena con que le homenajeó la Xunta cuando cumplió 100 años, pero relata con todo tipo de detalles los primeros años de su vida. Nacido en Santa María de Castro («Ayuntamiento de Begonte, provincia de Lugo», detalla), su infancia estuvo marcada por el trabajo de su padre. Carabinero de profesión, fue destinado primero a Bilbao y luego a A Coruña. Eliseo llegó aquí con 7 o 8 años y a los 11 ya estaba trabajando en Los Feales, una vieja sastrería de la calle Real. «Antes trabajábamos muy jóvenes. Ahora se estudia el bachillerato y todo eso», dice Eliseo, al que le gusta presumir de haber vivido todas las últimas guerras. «Menos la de Cuba, ésa no me tocó», explica. De A Coruña a Curtis De la Guerra Civil tiene recuerdos increíbles, como cuando, ya trabajando de ferroviario, se presentó al jefe de estación para militarizarse. Le nombraron cabo y el primer encargo que recibió, en el año 36, fue guiar un tren desde A Coruña hasta Curtis para inspeccionar el terreno y encontrar bombas: «Aún me acuerdo del momento en que se oyó '¡está libre!' Ahí respiré tranquilo». Y de la infancia lo recuerda casi todo, como esos días de viento que pasaba con sus amigos en la calle Real: «Con el viento se levantaban las faldas de las chicas y les veíamos los tobillos». O las tardes que se colaba en el corralón de A Gaiteira para ver los partidos de fútbol. «Antes los jugadores iban al médico cuando se daban algún golpe y comían lo que les ponían en las fondas en que paraban. Ahora se los rifan como si fuera la feria de Silleda», cuenta Eliseo, echando la vista atrás y recordando cuando se vieron los primeros dos coches en A Coruña. Uno era un Ford. O cuando llegó la televisión. ¿Fue mucho el cambio? «Todo, antes no la había», explica irónicamente. Eliseo no duda cuando se le pregunta por lo mejor de su vida. «Tener salud y vivir», contesta rápido. Y lo peor: «Que ahora ya no hay educación, que los chavales no respetan nada, ni siquiera a un hombre con bastón». En su casa no hay ascensor y, por eso, desde hace tiempo, no sale a la calle. Llega el momento de la despedida. Hasta el año que viene, que serán 105. «No sé si estaré. Pero sé que no quiero morir. Aún me gustaría seguir un poco aquí dando la lata».