Unidos en la playa del chapapote

Ramón Ares Noal
Moncho Ares RIBEIRA

CARBALLO

ARES

Crónica | Secuelas del «Prestige» Destacamentos del Ejército reconocen la labor altruista del hostelero José del Río Cantarero, por su apoyo logístico cuando el fuel cubría los arenales de Corrubedo

23 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La reacción espontánea de la sociedad para evitar que el chapapote arruinara las poblaciones costeras gallegas en general, y las barbanzanas en particular, provocó que miles de personas, a título particular y sin afán de protagonismo, aportaran su granito de arena para combatir el mal desde su puesto, porque en la lucha contra el fuel no sólo fueron héroes los que se enfrentaron cuerpo a cuerpo con la «peste negra», sino también aquellos que desde la retaguardia prestaban apoyo logístico. A falta de un mes para que se cumpla un año, hace unos días se desplazaron a Corrubedo militares del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 10 (EVA-10) para rendir homenaje a José del Río Cantarero, propietario del restaurante Balieiros. Fue un gesto de agradecimiento a su apoyo silencioso en jornadas intensas, de trabajo a pie de playa, por la que pasaron miles de militares que hoy dan título de amigo a Pepe de Balieiros. El hombre luce en una esquina del establecimiento hostelero los escudos de la Guardia Real, del EVA-10, del Ala 46 del Ejército del Aire, situada en Canarias; y del Aeródromo Militar de Santiago de Compostela. Son detalles con los que los mandos que estuvieron al frente de la tropa procedente de toda España quieren dejar patente la colaboración del hostelero. José del Río considera que ahora sí se puede hacer pública su aportación para combatir la tragedia: «Algún vecino llegó a reprocharme que no hiciera nada, cuando la realidad era bien distinta. Entonces peleábamos todos por un mismo objetivo, el beneficio de todos... ni el mío, ni el del vecino, ni el de nadie... el de todos. Porque si lo hubiésemos dejado, todo esto estaría hoy arruinado», afirma el hostelero viendo romper las olas en las piedras de O Corgo. Gesto Pedro Martínez Cegarra, teniente coronel del EVA-10, confirma las palabras del restaurador: «La primera vez que vinimos aquí fue un día de lluvia y frío. Le pedí cobijo para los efectivos, advirtiéndole de que cada uno traía su comida y su bebida, y que eran tantos que le iban a colapsar el restaurante. Él nos abrió las puertas y puso todo el local a nuestra disposición, un gesto que le honra». El máximo responsable de la estación situada en el monte Iroite confirmó que sus compañeros de Santiago, Canarias y Madrid coincidían al valorar que el apoyo logístico del Balieiros fue fundamental en aquellos días y los posteriores, puesto que hace sólo un mes que acudió a la zona un destacamento a hacer labores de limpieza, que volverán a repetirse cuando las mareas sean propicias en las próximas fechas. Vecinos de Corrubedo a los que ha tenido acceso esta Redacción aseguran haber sido testigos directos del servicio de café caliente sobre la playa, por parte de personal del restaurante, a los militares y voluntarios que se afanaban en las labores de limpieza. Tanto José del Río Cantarero como el propio Pedro Martínez Cegarra aseguran que en aquellos momentos críticos se fue cimentando una amistad que probablemente perdure en el tiempo. De hecho, él y muchos de sus compañeros acuden cuando pueden al restaurante Balieiros, para recordar los épicos días de frío y fuel que rememoran emocionados y de los que dicen que de aquella amenaza de ruina nació algo extraordinario, una amistad que esperan que sea duradera. Las instalaciones del EVA-10, situadas en la sierra del Barbanza, prácticamente centralizaron la coordinación del Ejército que se desplazó a la zona. Desde el escuadrón trasladaban a los militares incluso hasta Fisterra, y aportaban enseres y comida a los albergados en polideportivos y otras instalaciones. Además, facilitaban los traslados de los efectivos a Santiago de Compostela y otras poblaciones de interés, para que disfrutaran en el tiempo de descanso.