Entrevista | Martín Rodríguez Landeira El piloto carballés, de 24 años, consiguió los dos galardones autonómicos y además finalizó tercero en la modalidad de supercross
23 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Martín Rodríguez Landeira (Carballo, 1979) acaba de finalizar una temporada, la segunda a nivel federado, impresionante, con dos títulos autonómicos en júnior de enduro y promoción A de motocross, y tercero en supercross. Martín, que compite con KTM, es un piloto temperamental, que cada año va a más gracias a sus inmejorables cualidades para el motociclismo. El carballés es uno de los alumnos aventajados de Juan Puga, el deportista en el que se miran las generaciones que están saliendo en la villa. -La temporada es inolvidable porque no esperaba tanto. Aún ahora me estoy dando cuenta de lo que conseguí. -¿Es ésta la segunda temporada que compite? -Efectivamente. El año pasado finalicé segundo en enduro y competí en dos carreras de motocross. Una no la acabé por avería, y la otra ni me acuerdo cómo fue. -¿Y ahora, dos títulos? -(El piloto dibuja una amplia sonrisa). El primer título, el de enduro, fue muy complicado. Fernando Mariño, otro piloto de Carballo, fue mi gran rival. Faltaba por disputar la última carrera y Fernando se fracturó la mano cuando entrenaba. Fue una pena. La carrera se preveía de órdago entre los dos. Estaba el título en juego, nada menos. -Después, el supercross. -Sí. La cita fue en Carballo y fui tercero. En esa carrera comprobé que el piloto a batir iba a ser el que tenía el número 42, el naronés Marcelino Baloiras Brea. Él fue quien se impuso en esta modalidad y yo acabé en tercer lugar. -¿El motocross fue la gran sorpresa para usted? -Desde luego que sí. Sabía que podría estar entre los cinco primeros, pero de ahí a pensar en que sería el campeón, vamos, ni pensarlo. En la primera manga salí muy bien, y fui tercero, y en la segunda vuelta cogí la primera plaza, que no dejé hasta ver la bandera de cuadros. En la segunda, las cosas aun fueron mejor. Desde el primer instante ocupé el primer puesto y no lo dejé hasta el final de la carrera. -¿Qué sintió al cruzar la línea de meta? -Una alegría inmensa. La tensión con que viví las últimas vueltas fue tremenda. Pero la final valió la pena.