Reportaje | La fortaleza de Ameixenda gana admiradores José Ramón Oreiro Cordo y María del Rocío Fernández son los propietarios del inmueble desde que lo compraron en 1985
17 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El castillo de Ameixenda levanta pasiones. Los últimos que se enamoraron de él son una pareja de peregrinos que no se lo pueden quitar de la cabeza. Su deseo, como el de cualquiera que visite la restaurada fortaleza, es comprarlo. Por ahora los únicos privilegiados que disfrutan de la propiedad son José Ramón Oreiro y su mujer, María del Rocío Fernández. «Hay mucha gente que se interesa por este lugar -comenta José Ramón Oreiro-, pero la fortaleza no ha cambiado de manos. No hemos hecho ninguna gestión para su venta, pero algunos que lo visitan se enamoran de él y a veces hacen alguna oferta». La austera fortaleza del siglo XVIII dejó de ser tal cosa cuando el matrimonio de los Oreiro se hizo con el inmueble en 1985. Un año después, y tras una gran inversión, el recinto militar se había transformado en una mansión en la que no falta ningún detalle. En sus más de 30.000 metros cuadrados situados sobre una suave colina, el castillo de Ameixenda, también llamado castillo del Príncipe, goza de las mejores vistas de la ría de Corcubión, especialmente si se contemplan desde la torre construida por anteriores propietarios en los años 40, o desde las troneras en las que descansaban los quince cañones que defendían la costa de posibles invasores. Completamente acondicionado con todos los lujos imaginables para una mansión, hace cerca de dos años el inmueble fue puesto a la venta. Pero el cariño que le tienen sus propietarios hace que no se tomen la tarea de desprenderse de él con demasiado entusiasmo: «La verdad -comenta Oreiro- es que no tenemos prisa». Al ritmo que marca el mercado inmobiliario, el castillo no deja de engrosar su valor. En el año 2000 el precio de salida a subasta era de 2,7 millones de euros. Una inmobiliaria lo anuncia hoy por 3,6. «No es que el castillo no esté en venta -cuenta Oreiro-, pero tampoco hacemos nada para venderlo». Los últimos que lo visitaron con ganas de convertirse en sus propietarios fueron una pareja de peregrinos interesados en convertirse en dueños, pero por ahora el edificio sigue en manos de los Oreiro. Además de la sauna, la piscina pegada al mar, la biblioteca, la sala de juegos, el gimnasio o las bodegas, la fortaleza tiene acceso exclusivo a dos pequeñas playas y una casa de guardeses que nada tiene que más parece un chalet de lujo. No es de extrañar que no tengan ninguna prisa en abandonar tal paraíso. Muchos en su situación volverían a poner cañones para defenderse de posibles inversores. Todo se puede comprar y vender en este mundo, pero por ahora el castillo de Ameixenda sigue teniendo los mismos dueños que hace 18 años. Poco tiempo para aburrirse del lugar.