PASABA POR AQUÍ
29 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.AL CAMPANERO de A Laracha parece que se le fue la mano unos cuantos pueblos más allá del suyo. El perseguido de Xurarantes atajó sus manías persecutorias con «dous ou tres hachazos». Un defenestrado de Cee se empeñaba hace poco en repartir leña a los de la ambulancia, y eso con dos vértebras rotas y una rodilla hecha cisco. Por no hablar de esos fisterráns que desaparecen cuatro días, ponen en jaque a la familia y a la Guardia Civil y regresan después como si tal cosa con unas copas de más. Realmente hay algo extraño en la Costa da Morte, más profundo que el chapapote de O Rostro, que hace que de cuando en cuando a alguien se le vaya la cabeza. Dicen que antes del Casón ya pasaban estas cosas, y aún peores. Seguro que la falta de educación, el aislamiento, el abandono y la carencia de unos servicios sociales para gente que los necesita no tienen nada que ver. Tiene que ser el viento.