PASABA POR AQUÍ
21 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN ESTE mundo se puede entender casi todo. Las guerras siempre tienen una razón, los cuartiños. Las drogas, otro de lo mismo. Las peleas las motiva un calentón y las vendettas a muerte un odio cultivado con mimo en años. Las palizas las generan los celos. El suicidio lo crea el dolor. Todo ello perfectamente estúpido, todo perfectamente evitable. Pero todo se explica. Lo que resulta incomprensible es qué motivos puede haber detrás de un hombre que se esconde con un hacha al acecho de una mujer y la despacha de dos machetazos. ¿Que a ella le molestaba el purín de su cuadra? ¿Que le dijo que no cuando el quería oír un sí? No hay locura que justifique tal saña, tal odio. No fue un momento de calor, no fue una venganza, no fue por nada. ¿Qué hay que tener en la cabeza para actuar así? Hay asesinatos que no tienen sitio en los manuales de criminología. «La maté porque llovía». Es lo que nos falta.