Solidaridad y mal humor

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO

CARBALLO

17 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Maica, que trabaja para Asuntos Sociales, reconoce que ha tenido pocos días tan complicados como el de ayer. Está enfadada y a la defensiva. No es para menos: El autobús con los 30 voluntarios de Vigo que venían a limpiar a la playa de Razo ha llegado a tarde a recoger los epis (¿perdón? equipos de protección individual) a Caión y después a tenido pequeño accidente en la carretera (rotura de dos lunas del autocar). Ello ha provocado un retraso de dos horas sobre el horario previsto y la bronca de la responsable de Tragsa y del representante de Costas. En la playa, a pesar del viento, se palpa el mal humor. El conductor del autobús, de Mondariz, echa chispas y pretende volverse a la ciudad olívica con los voluntarios tomando el aire por la ventanilla rota. El coordinador se queja y la pobre Maica intenta arreglar el asunto y protesta a través del móvil por la riña que ha tenido con sus colegas de la organización del chapapote. Donde una esperaba armonía no hay más que lamentos, porque Cristian, del Concello de Vigo y coordinador del grupo despotrica por el paseo que han tenido que darse hasta Razo. No se explica cómo viviendo de Vigo les tocó Carballo. Ellos ya están hechos al trabajo, pero no habían pasado de Fisterra. Ahora se preguntan: «¿Dónde están los coruñeses?». Los busco pero no los encuentro. Sólo aparecen dos espontáneas de Lugo que se unen al grupo. Fernando Javier, de Chapela, en Vigo, lleva tres meses en el chapapote y denuncia que las Cies y las Ons están peor, pero no los dejan ir. Por contra, los mandan a conocer Galicia a cuenta del Concello de Vigo y con el tour preparado por asuntos sociales. También pregunta por los coruñeses y se queja amargamente de que ninguna entidad (cita varios organismos oficiales y ONG) le quieren dar 10 millones (no dice de qué) para llevar a cabo un plan que terminará con el paro y que, resumiendo, se trata de que la gente trabaje poco. Al final el autobús se vuelve a Vigo en busca de otro vehículo entero y los voluntarios se disponen a trabajar hasta las cinco de la tarde. A pesar del mal humor, el grupo se muestra ordenado. Rápidamente se meten en la zanja abierta para quitar el fuel enterrado. Se trata de un trabajo meticuloso que, según una representante de Tragsa, no todo el mundo está capacitado para hacer, puesto que exige paciencia. El grupo de Vigo es bueno y los de Tragsa lo saben. Quizá por ello los mandaron a Razo.