La lista de los más longevos se incrementa en la Costa da Morte
28 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?n la Costa da Morte hay mucha costa y poca morte . No poca por cantidad, que eso como en todas partes, sino por calidad. La gente es dura. Para lo que han pasado en los años malos y con las comodidades de hoy en día, a ver quién es el que se quiere ir. En esta zona han estado, hasta hace poco, algunas de las mujeres más ancianas de Galicia: dos en A Ponte do Porto, tres en Senande-Muxía, una en Cambeda-Vimianzo, una en San Cremenzo.... La actual reina es Estrella Souto, de Meanos (Zas). En noviembre cumplirá los 106. Todas mujeres, y cada día se incorporan más a este selecto club. Apenas hay hombres. Pero los hay. Desde el domingo, un varón se suma a la lista. José Amado Lema, conocido como José do Cotelo, cumplió los 100 el día 27. Una fecha así no se pasa por alto. Su familia, emociones y lágrimas aparte, se vistió de largo y le rindió un homenaje para el que, vaya, a veces la pena esperar un siglo. José es de San Cremezo de Pazos, en Zas. En su carné de identidad de la vida aparecen ocho hijos, treinta nietos (incluidos los políticos) y 18 bisnietos. Momentos buenos y algunos muy malos. Manos de labrador que aún le dejan elaborar cestos, hacer la cama, vestirse, calzarse, lavarse, leer La Voz, debullar el grano del maíz, asombrar con su memoria... Su nieto, Manolo, que tiene un negocio de mármoles, está pensando seriamente en contratarle. Pero es posible que él no acepte. Una colega de principios de siglo es Josefa Marcote Liñeiro. Hace poco más de una semana que cumplió los 102. Nacida en Fisterra, desde hace más de medio siglo reside en Corcubión, donde celebró el cumpleaños con su familia luciendo una envidiable salud. «Estou como unha raíña», aclara por si acaso. Come de todo, bebe café, juega a las cartas, al médico van los otros y las gafas para el que las necesite. Ésa es Josefa. Cree que el mundo ha cambiado para mejor, se trabaja menos y ya no hay que caminar, como ella tenía que hacer, de Fisterra a Nemiña con una cesta de pescado en la cabeza para cambiar los frutos del mar por los frutos de la tierra. Economía de mercado pura que ya no dura. Ahora vive la vida cantando, a veces. Antes de la despedida, se atreve con un solo de Fumando espero . Pero ella no prueba el cigarro. Ya sería demasiado. En Muíño, Zas, al lado de la pista que lleva a la ermita de Santa Margarida, vive Mercedes Castiñeira Recarey. También tiene 102. Los cumplió en febrero. Su estado de salud no es de matrícula como su coetánea anterior, pero no hay queja. Con estas edades los milagros no vienen en grupo y ya bastante es estar como está. Conservando el sentido, que eso no lo paga nadie. Porque lo conserva. Mercedes habla poco pero se entera de todo. Le gusta saber lo que ocurre en la parroquia. Una pena que ya no pueda andar como lo hacía antes. Cuando iba a las míticas minas de Barilongo, por ejemplo, en Santa Comba, como tantas mujeres que dejaron en lo que hoy son lagos vedes sus uñas y sus miedos. Y algunas, la cal de sus huesos. Tampoco se alimenta por ella misma. La cuida su sobrina segunda Antonia Castiñeira, de 51 años. Con mimo. Porque Mercedes se quedó soltera. Sin hijos. No es un dato científico, pero asombra constatar cuántas centenarias se quedaron solteras. Uno más de los muchos misterios de esta corta vida.