La toma del islote de Perejil, aunque lejano, no es tema que debamos soslayar. Basta que el amigo moro se haga con nuestras posesiones gracias a doce chicos animados y un par de tiendas de campaña para que otros amigos de toda la vida tomen nota. Por ejemplo, la Pérfida Albión. Los ingleses de las tribus del Norte. Y aquí es donde entramos nosotros. Porque, a ver, quién nos asegura que cualquier tarde de éstas no aparecen en un par de lanchas cuatro chavalotes de la Gran Bretaña y les da por izar su pabellón cruzado sobre el Centulo de Fisterra. Esa roca desmelenada al viento, que parece tan pequeña que sólo caben tres personas, pero donde caben y comen tres caben y comen nueve. Los huevos (los de su rica avifauna) y, sobre todo, sus magníficos percebes, aseguran la supervivencia. Vienen los ingleses, se asientan, se zampan los crustáceos con la bandera al viento y el Centulo for England y te rondaré morena. Por eso, y teniendo en cuenta que el alcalde conoce bien estas tácticas (muchos años en el norte de África) y se lleva de maravilla con la Armada (¡esos desfiles en el puerto!), no es baladí sugerirle que haga un par de llamadas al Estado Mayor y luego que no digan. De todos modos, y aunque no vengan los ingleses, con los rumores que corren por el pueblo a ver si va a ser Xan García el que conquiste el Centulo.