Vimianzo tomó el castillo de los Altamira

La Voz

CARBALLO

Las brillantes actuaciones de Macfeck, Aran y Chavrem impresionaron al público asistente al concierto La madrugada de ayer Soneira vivió una espectacular noche de folk. Las brillantes actuaciones de Macfeck, Aran y Chavrem, y la genial puesta en escena del asalto al castillo de los Altamira, convirtieron Vimianzo, por un instante, en un pequeño pueblo medieval. La celebración reunió a centenares de personas de todos los puntos de la Costa da Morte, que acudieron a la llamada de los tambores y participaron activamente en toda la celebración. La noche culminó con un estallido de fuegos artificiales que cubrieron el castillo, la típica queimada y la añoranza de los asistentes, que ya hacían planes para el próximo año.

06 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los ritmos celtas de Macfeck rompieron el silencio de la noche del viernes en Vimianzo, para dar comienzo al tan esperado festival folk que se celebra en la localidad desde hace siete años. El mal tiempo y la inoportuna lluvia que chispeó durante unos minutos, no impidieron que gente de toda la comarca disfrutara de una madrugada cargada de misticismo y buena música. Bien entrada la medianoche, tras la brillante actuación de Aran, el segundo grupo invitado, Vimianzo se detuvo en el tiempo, volvió la vista atrás y rescató del pasado las revueltas irmandiñas del siglo quince. «Loitemos contra a opresión» y «adiante irmandiños» fueron algunas de las consignas lanzadas al aire para que todo el público asistente se animara a acompañar a un grupo de meigas que iniciaron el camino al castillo. Los instrumentos de percusión y las velas colocadas estratégicamente por los alrededores de la fortaleza, marcaron el camino de una noche mágica. Los ficticios irmandiños desenterraron el hacha de guerra, encontraron el tótem de seis metros, e iniciaron la marcha final acompañados del guerrero mayor y un grupo de arqueros. No fue fácil, pero después de mucho luchar, los irmandiños derribaron la puerta del castillo de los Altamira y coronaron su hazaña con la quema del señor feudal. La puesta en escena terminó con un estallido de fuegos artificiales que llenaron la noche de color e invitaron a continuar la fiesta. Pero el colofón de la noche vino de la mano del grupo gallego Chavrem, que actuó a última hora para todos aquellos que se negaban a finalizar la celebración sosteniendo el penúltimo vaso de queimada entre sus manos. La noite folk terminó en la madrugada, cuando las primeras luces de la mañana convirtieron el ficticio pueblo medieval en el que lucharon los irmandiños, en el Vimianzo de siempre.