«Que nos deixen traballar»

La Voz

CARBALLO

C.V.G.

Armadores de Malpica asistieron a una reunión sobre la actualización del registro de buques

25 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A las diez de la mañana, el salón de actos de la cofradía de Malpica ya estaba de bote en bote. Tras la mesa, el patrón mayor y los representantes de la Consellería de Pesca. Al otro lado decenas de armadores, cada uno con su historia particular, asustados, enfadados o desconcertados, que de todo había. El asunto que se dirimía era el de la actualización del registro de buques, un asunto viejo que, si la Xunta no lo remedia, amenaza con acabar con la flota de bajura. De los presentes en la cofradía, muy pocos tenían claro si su embarcación tenía las medidas legales y la mayoría sabía que tendría que comprar toneladas de barcos para el desguace para poder seguir faenando con tranquilidad. Ánimos La presencia de los técnicos no consiguió calmar los ánimos, previamente alterados por las cartas de la Xunta en la que se anunciaba la apertura de los expedientes. A pesar de sus esfuerzos, los enviados por Pesca tuvieron que reconocer que tenían poca información sobre el proyecto de la Xunta y que no podían dar respuesta a las dudas planteadas por los armadores. Allí estaba el que acababa de comprar un barco construido cuando nació y con las medidas mal desde entonces, el que botó una embarcación mal medida por el ingeniero de turno y el que fue ampliando la gamela a lo largo de los años sin más trámite que el de pasar por el carpintero. También acudieron los que, por temor e ignorancia, mostraron al ingeniero, un barco que no era el que debía medir y otros casos que, si todo sigue igual, acabarán en el desguace. Todo este conjunto de hombres cercados por las normas estalló en varios momentos de la reunión de tres formas distintas. Hubo el que perdió los papeles, mentó a Franco y llamó «talibáns» a los miembros de la Xunta, además de otros apelativos impublicables. También fue el que dijo, varias veces, que lo único que quería es: «Que nos deixen traballar, porque non somos delincuentes». Fue el más aplaudido. Otro de los armadores también derivó hacia la política, pero enarbolando la Constitución y asegurando que este decreto es «unha conspiración para acabar co sector». La tercera fórmula para soltar la adrenalina fue la risa, que estallaba de vez en cuando en el momento que alguno contaba sus cuitas, como cuando varios reconocieron que mandaron al ingeniero a medir barcos que no eran los suyos. Repercusiones En la reunión se puso en evidencia que Pesca no tiene demasiado claras las repercusiones de una decreto que afecta a otros organismos como la Seguridad Social o la Marina Mercante, cuyo proceder se desconocía, según dijeron los técnicos. La asamblea se convocó para que la Administración pulsara la opinión de los administrados. Menos mal que los técnicos son conocidos y dialogantes, pero el mal rato no se lo quita nadie. El patrón mayor tampoco. En la reunión aseguró que a la flota de bajura le quedan cuatro años de vida a tenor de las directrices de la Unión Europea, que no prevé mantener las ayudas a la modernización y la construcción de buques. Por contra, quiere aumentar las subvenciones para desguace. Con estas pistas es fácil ver cuál es el camino. Para los que resistan el tirón, Genaro Amigo Chouciño augura un buen futuro, pero sólo para ellos. Y concluyó: «Queren tirar con todo». Al final, los armadores salieron poco más o menos como entraron, pero convencidos de que hay que solucionar el problema. Los técnicos les abrieron una vía a la esperanza, al asegurar que muchos se salvarán. No es el caso de ese antiguo emigrante en Suiza que tuvo una gamela de tres metros que creció hasta siete. Si ha de comprar los GT que le faltan tendrá que invertir casi 30.000 euros (4.991.580 pesetas). Para construir un bote legal le bastarían 1.803 euros, pero ¿a dónde va hoy en día con una gamela de tres metros? Su caso no es el único, ni muchísimo menos. Lo mismo ocurre en otros puertos.