Un criador afincado en la capital de Bergantiños cuida de más trescientos ejemplares de canarios La patria del pirata de la canción de Espronceda, aquel de los diez cañones por banda, era el mar; la de Jesús Eladio Mouzo y su familia, son sus canarios. Cuidan y crían a más de trescientos en la capital de Bergantiños desde que en 1998 él llegara de Suiza. En el país helvético se despertó su pasión por estos animales con los que ha llegado a ser campeón de Galicia y de los que guarda un montón de anécdotas, como cuando junto a su mujer tardaron quince horas en ir de Berna a Galicia con dos coches llenos de canarios. Tiene dos debilidades, las razas españolitos y bernois, de los que dice que nunca los abandonaría.
20 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Jesús Eladio Mouzo recuerda perfectamente cuando comenzó su afición a los canarios.Tenía unos catorce años: «Vi a un muchacho con una jaula mimando una pareja. Luego, yo también compre un par y poco a poco fui criando más». Todo esto sucedió en la localidad de Belp, en el cantón suizo de Berna. Hoy, Jesús tiene una tienda de animales en Carballo, pero para conocer su actividad hay que visitar su criadero, donde conviven en jaulas inmensas canarios rojos, naranjas, blancos y amarillos. «No me dedicó a los canarios de canto, sino a los de color y posición, pero también tengo algún timbrador», dice. En el criadero nada queda al azar. Hay una radio permanentemente escendida para que los pájaros se acostumbren a la voz humana y no se asusten cuando llegan personas. También hay un deshumidificador, una estufa y un termostato que regula el calor. «La temperatura óptima para criar es entre dieciocho y veinte grados. La mínima, son deiciséis, por debajo, es imposible», asegura el cuidador. Los canarios son un mundo. Cada cierto tiempo se consiguen nuevas razas gracias al cruce y a la manipulación genética. «Aquí en Galicia estamos muy atrasados, pero en Italia y en otros países se hacen maravillas», dice Jesús. Italia Él acude hasta la nación transalpina para comprar ejemplares. Su próximo viaje lo tiene preparado para el mes de noviembre. Es el principio de una cadena que concluye en su colonia carballesa. «Estos canarios no los vendo en la tienda, sino a gente especializada que los va a tratar bien». La luz es otro factor que se cuida al dedillo en el criadero de Mouzo Gil. Las luces se van apagando paulatinamente gracias a un sistema para que los pájaros se puedan acomodar en sus nidos. «En principio, el mes de cría natural es marzo, pero con las luces, alargando su exposición, se pueden conseguir hasta tres camadas en un año. Hay quien consigue más, pero eso es una exageración», dice. La canaricultura tiene sus pequeños detalles.