«Las cosas se van ajustando con el tiempo, hay que saber esperar»

La Voz

CARBALLO

Texto: CRISTINA ABELLEIRA. Foto: JOSÉ MANUEL CASAL FEMENINO Y SINGULAR Florida García Lado, profesora de inglés

16 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Florida García Lado es un caso típico de hija de emigrantes que pasaba con sus padres uno de cada doce meses. Separada desde hace 18 años y madre de un universitario, logró salir adelante gracias a un tesón digno de la mismísima Escarlata O''Hara, con la que se siente tremendamente identificada. Es una mujer «espiritual», transmite optimismo y ha conseguido que el inglés sea un idioma más familiar para varias generaciones de carballeses. Aquí está a gusto: «Carballo me ha tratado muy bien». Sus espinitas, como la protagonista de Lo que el viento se llevó, las confía al destino: «Las cosas se van ajustando con el tiempo, hay que saber esperar». Florida García Lado ha convertido su centro de trabajo en una segunda casa. «Todo lo que ves, menos las paredes, lo he pintado yo». Y la verdad es que la decoración es un reflejo de su personalidad fuerte y optimista. Artesanía, muebles reciclados, flores y libros de inglés de todos los niveles conviven con títulos académicos y fotografías con personajes tan entrañables como el poeta Manuel María. Florida nos invita a café. Ella repite, habla, se levanta y no deja de fumar. -¿Qué supuso en su vida la marcha de sus padres? -Fue lo que más me marcó. Tenía diez años, y fue tremendo. Marca porque te sientes desarraigada. Al final tú no conoces a tus padres y ellos no te conocen a ti. Yo pasé mi adolescencia en el colegio de las Hijas de la Caridad, en Carballo; los problemas los resolvías con tus compañeras más mayores y cuando algo te agobiaba mucho se lo decías a la monja con la que tenías más confianza. Y cuando te reencuentras con tus padres ya eres adulta. -A los 17 años se marchó a Londres, ¿cómo cambiaron aquellos tres años su vida? -Te abre otros campos. Cuando yo me fui para Londres estábamos todavía en la dictadura, había muy poco que pudieras leer, todo estaba controlado. Allí no. Allí leí muchos libros prohibidos y he llegado a traer libros que tenían que ver con Santiago Carrillo, con la Pasionaria. Nunca llegué a entender el alcance de lo que estaba trayendo, pero estoy segura de que si me pillan los libros me meten en la cárcel, sin ser yo de ideas políticas... Son cosas que aquí no hubieses vivido hasta su momento. -¿Por qué regresó? -Yo quería venir a España porque me quería casar, con veintiún años ¡había que estar tola! Una amiga me insistió para que le diera clase a su hija de cinco años, yo no quería, pero... y después me fue trayendo más gente, y me di cuenta de que necesitaba formarme. Entonces empecé a hacer cosas, en la escuela de idiomas me presenté por libre y aprobé, claro, porque me resultaba fácil. Pero a medida que venían los alumnos necesitaba más y fui a la universidad, hice hasta quinto, pero no acabé. O sea que lo hice todo justo al revés de la gente normal. -¿Fue duro? -Me costó mucho trabajo, porque al mismo tiempo trabajaba, tenía un niño... Porque yo me separé cuando el niño tenía seis años. Separarse en Carballo hace dieciocho años era terrible, pero la gente me respondió bien. Tuve que pasar de comentarios, porque cuando te separas parece que la culpa siempre es tuya, cuando es siempre de dos. Pero yo creo que lo que he hecho yo lo puede hacer cualquiera. Todo el mundo tiene una habilidad. Bien, pues intenta vivir por ahí. Yo nunca me beneficié de paro ni de nada, siempre fui autónoma, y no soy ni mejor ni peor que nadie. -¿Y ahora está satisfecha de lo que hace? -Me encanta. Siempre puedes mejorar, pero me gusta dar clase, y eso es un poco también parte del éxito de los chavales, que vean que te gusta, aunque yo soy muy dura. -¿Qué aspecto valora más de su relación con los demás? -La nobleza. Yo me fío mucho de la gente, porque si yo no engaño, espero lo mismo de los demás. Espero y lo creo, hasta que me dan. -¿Y le han dado mucho? -Siempre. Pero las cosas son como un rompecabezas, se van ajustando solas con el tiempo, hay que saber esperar. -¿Rencorosa? -No, en absoluto.