Los vehículos antiguos que se conservan en Carballo fueron adquiridos en Uruguay Un Fiat es prácticamente la única herencia automovilística que dejaron las décadas de los 40 y 50 en Carballo. Casi todos los vehículos que importaron en aquellos años las familias pudientes del municipio acabaron convertidos en chatarra, porque la capital de Bergantiños no pudo escapar al «boom» del Seiscientos, que marcó la transición de la época clásica de la automoción a la moderna y que supuso la desaparición de auténticas joyas como las que fabricaba la Hispano-Suiza. Por ese motivo, los pocos coleccionistas que hay en la localidad se nutrieron principalmente de Uruguay, que ahora es el paraíso perdido.
16 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Un Ford A de 1929, un Armstrong Sidley de 1952 y un Alfa Romeo Giulia de 1964 -en proceso de restauración- son algunas de las joyas automovilísticas que conservan los coleccionistas de Carballo. Una de las características comunes a este tipo de vehículos es su procedencia: Uruguay es el país que ha surtido durante años a los amantes de los coches históricos y clásicos. Al principio era posible conseguirlos a muy buen precio, pero el auge del coleccionismo acabó con la gallina de los huevos de oro: «Para Suecia y Canadá, sobre todo, salieron barcos enteros», recuerda José María Vázquez Barca, propietario, entre otros, de uno de los últimos modelos Sapphire que salieron de las fábricas británicas Armstrong Sidley. En el año de fabricación del automóvil, 1952, el declive de la marca ya era inevitable. La guerra había obligado a centrar la producción en motores para aviación, y después del conflicto bélico el sistema se había quedado anticuado. La Armstrong fue absorbida por la Rolls, y poco después desapareció. Sin embargo, entre su legado figuran joyas como el Sapphire de 1952, un lujoso ocho pistones que era «demasiado grande para la época», señala su actual propietario. Historias Cada uno de estos turismos tiene su propia historia. En los años 40-50 también llegaron a Carballo los primeros vehículos a motor, casi todos importados, porque la única fábrica radicada en el territorio nacional era la Hispano-Suiza. Sus coches son hoy en día los más cotizados del mercado, probablemente porque apenas quedan ejemplares. «Eran una auténtica joya -asegura José María Vázquez, que se anticipaban al futuro con innovaciones como freno hidráulico». De aquella época no queda casi nada. En Carballo sólo hay un Fiat, a pesar de que «había coches preciosos», recuerda Vázquez Barca. Pero con el Seiscientos llegó la modernidad, y la mayoría de sus antecesores, que no eran cómodos, consumían mucho y exigían un mantenimiento continuo, acabaron en las chatarrerías.