«Todo o mundo é a falar mal do mar»

La Voz

CARBALLO

09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Victorino Barrientos Soneira se topó con Sackey el pasado verano cuando reparaba uno de sus barcos en el varadero de Marín. Lo eligió entre las docenas de ghaneses que se le ofrecieron para enrolarse porque le pareció serio y trabajador y porque necesitaba tripulación. Reconoce que es difícil encontrar marineros en Muxía, que los jóvenes ya no quieren embarcarse y que prefieren un empleo en tierra. Para Victorino Barrientos Soneira los motivos son muy claros: «Todo o mundo é a falar mal do mar. O mariñeiro nunca ten a importancia dunha persoa de terra». Ahora mismo tiene en un sólo buque cuatro hombres de baja por enfermedad, pero «o barco ten que ir ó mar tódolos días». De los dos ghaneses, Victoriano valora su seriedad y que son muy trabajadores. «A ver si no se malean», dice. De momento, no es el caso, tienen poca relación con sus convecinos y van a lo suyo. En octubre tendrán vacaciones debido al paro biológico y Victoriano les ha propuesto que vuelvan a su país a visitar a su familia. Considera que tendrán dinero suficiente, porque «gastan pouco e págolles coma os de aquí, nin máis nin menos». Aún no le han dicho si se irán. Los dos ghaneses deben renovar cada año sus permisos de trabajo. La primera vez que Sackey se embarcó no tenía los papeles en regla y hubo que desenrolarlo. Consiguió un trabajo en el Gran Sol, pero Victorino estaba contento con él y le tramitó la documentación. El ghanés estaba pescando cuando ocurrió, pero en cuanto llegó a tierra y recibió el mensaje de Victorino, cogió un taxi en Marín y no paró hasta Muxía. Suerte A través de Sackey, al que Victorino llama Simón, y de Kingley, el armador muxián se ha dado cuenta de la suerte que tiene por haber nacido en España. Se escandaliza al explicar que en Ghana no hay salarios, sino que cobra por el trabajo que hace. Tampoco hay Seguridad Social, algo que también ocurre en Estados Unidos, donde ha trabajado Sackey, también en la pesca. Por ello, Victorino ha llegado a la conclusión de que vive en el mejor país del mundo y así se lo corroboran los dos ghaneses, que, según explica el patrón, «queren quedarse definitivamente en Muxía».