Los sufrimientos de un dirigente

G. V. CARBALLO

CARBALLO

FERREIRO

La gestión de un club es una labor ingrata y poco reconocida que ha dejado a varios equipos históricos al borde del colapso El sillón presidencial no existe. El palco, en muy contadas excepciones. Comidas entre las directivas sí hay alguna. El presidente en la Costa es ese loco que al salir del trabajo no regresa a casa, ni se va al bar a tomar una caña con sus amigos. Acude al campo a ver el entrenamiento de su equipo, a viajar por el pueblo intentando colocar un carné de socio entre sus vecinos, o a tender la ropa que empapan de sudor los jugadores. Es una persona que los domingos abandona la comida familiar para acompañar a sus parientes futbolísticos, esos jugadores a los que trata con mimo porque son los que le dan las alegrías para afrontar la semana.

17 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando el árbitro pita el final de un partido y los espectadores abandonan las gradas se llega al término de una obra que se ha convertido en rutina con el paso del tiempo. Ese hábito tiene a sus espaldas uno de los fenómenos organizativos y económicos más complejos de la era contemporánea. No sólo en categorías superiores. «Xunta-los cartos que fan falta para sacar unha temporada adiante é un traballo moi laborioso», afirma Tito Castiñeiras, presidente del Nantón, fatalista en su pronóstico sobre el futuro del fútbol aficionado: «Os xogadores empezaron a cobrar e queren máis cada ano. A xente acude menos porque prefiren ve-los partidos quentiños e na casa. Así, non hai maneira» Cambio de horarios José Antonio Tasende, que recogió el testigo de García Liñares en el Cerceda, cree que la única solución es «buscar outros horarios distintos». Para Tasende López habría que explotar los huecos que deja el fútbol profesional: «Sábados pola tarde ou o domingo pola mañá». Pese a dirigir un equipo de Tercera, el Roxo do Piñeiro es uno de los campos con menor afluencia de público. La mayoría de los presidentes del fútbol aficionado empiezan a concebir las sociedades como un vehículo para los más jóvenes, y dejan de lado los éxitos deportivos. Es la política que ha seguido Julio Espasandín en el Zas. En los últimos cuatro años se ha volcado en el trabajo de cantera, y empieza a dar sus frutos. En A Coruña y Carballo reclaman sus jugadores. Sin embargo, las dificultades superan en numerosas ocasiones a las satisfacciones. Este hecho ha provocado que equipos legendarios hayan desaparecido, muchos en los últimos años, y que otros hayan estado al borde del colapso. Es paradigmático el ejemplo del Baio, cuando los propios jugadores decidieron coger el mando del equipo ante la ausencia de candidatos a la presidencia.