Nada más desencallar el Os Merexos, éste fue conducido al puerto de Malpica, donde continuaron las carreras. Llegó escorado hacía la derecha, lo que hizo pensar a más de uno que tenía una vía de agua que pudiera provocar su hundimiento. En la dársena del muelle aguardaban los familiares de los dos únicos ocupantes que quedaban en el barco. Tenían el rictus serio, mezcla de la tensión acumulada y de la alegría de la salvación. Nada más amarrar, se procedió a sacar las volantas del pesquero para comprobar si había agua acumulada, incluso un hombre rana se sumergió para analizar los daños del casco. Hubo suerte, tan sólo unos rasguños que apenas dejaban pasar el agua al interior. Aun así, las bombas de la Cruz Roja se pusieron a funcionar para quitar cualquier resto de líquido. Cuando todo estuvo controlado la embarcación fue conducida a tierra.