Las romería de la Virxe da Barca aglutinó, como siempre, a miles de personas de todas las edades procedentes de toda Galicia A estas alturas de la película, faltan -o sobran, según- las palabras para hablar de la Virxe da Barca de Muxía. Por eso, lo mejor es verla. En directo. Pero no es tan fácil. No lo fue el sábado, desde luego, día de lleno total y hasta de colapso de calles, santuario y entorno de calles y santuario. Y no lo fue el domingo por la noche para los automovilistas, que vieron como las cunetas estaban desbordadas hasta Figueiras y tuvieron que escuchar a Pimpinela un buen rato a pie, mientras se dirigían a la explanada del puerto. Muxía es algo aparte, ya se sabe. Pero esto se ha acabado, Ayer fue la fiesta del pueblo, sin agobios.
10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El dúo de hermanos argentinos Lucía y Joaquín, más conocidos como Pimpinela, lograron llenar la explanada y entretener a la milenaria -por la cantidad, no por sus años- audiencia. Ha de hacerse notar, por cierto, que más público del que se supone se sabe las letras de sus canciones en-te-ri-tas. Cualquier vecino, el tendero de enfrente, el oficinista que nos lleva el seguro, las personas más insospechadas, se han aprendido cosas como eo, eo, eo, yo te busco y no te veo, o incluso le reclaman al señor juez compensaciones porque la santa esposa ya no les hace caso ya que sigue una telenovela. O, incluso más, conocen de antemano el nuevo ritmo bailonguero de olvídame y pega la vuelta cuando uno ya estaba preparado para cantarlo como esa baladita que, snif, nos devuelve a la infancia. Pimpinela gustó, y mucho. Con un decorado sobrio, unos músicos -pocos, pero cumplidores- sobrios y una mesa camilla para las riñas que ya son como de la familia, sobria, el dúo se llevó al público de calle y todos fuimos, oh, felices. Luego está lo demás. Lo demás fue lo del domingo todo el día. Con tantas tiendas de campaña que si se venden pagan las fiestas. Con la procesión que acaba en un lado cuando empieza en el otro. Con las autoridades en su lugar de honor, en esta ocasión acompañadas por dos concejales de La Oliva, en Fuerteventura y el delegado de Medio Ambiente. Muxía ha estado grande. El alcalde, Alberto Blanco, contento con todo y sobre todo con el pregonero, Xosé Luís Vilela, «un titán, excepcional, a persoa indicada para abrir o milenio da Barca», dijo. Todo se acabó ya. Las multitudinarias abaladas de la Pedra que, rota y todo, cumple como los muxiáns en las fiestas: si hay que abalar, se abala y punto. La traca. Los deslices por la Pedra dos Cadrís. La juerga sabatina. Xosé Ramón Gayoso, grabando de todo y firmando autógrafos. La música en las rúas. Las ofrezas. Ahora hay que descansar. Algunos lo harán bien, porque una avería en el Monte Facho ha dejado a parte del pueblo sin televisión. ¿Será una penitencia?