GENTES DEL FINISTERRE
10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.HAY QUIEN DICE QUE SON ADORABLES por su inocencia y naturalidad, pero también quien asegura que son un poco incordiantes cuando se ponen a llorar a altas horas de la noche o cuando se encaprichan con la primera cosa que cae ante la tierna mirada de sus ojos. Gustos y disgustos de lado, lo cierto es que los niños han sido los grandes protagonistas del fin de semana en la Costa da Morte. Allí, donde ha habido alguna fiesta o acto organizado no han faltado los más bajitos a los que le cantaba Joan Manuel Serrat. En Berocasión, el plato principal era la maquinaria textil y los coches. A los que los integrantes de Axober, con su presidente José Fernández Añón a la cabeza, habían dedicado sus esfuerzos. Para acompañarlos también se organizaron varias fiestas infantiles, con el manga Pokemon como principal atractivo, y un circuito de quads. Y claro, aquello se llenó de niños. El primer día, las autoridades como el conselleiro Jaime Pita y los delegados provinciales Jesús Almuiña y Rosa Gómez fueron los protagonistas. A partir del sábado, los más pequeños se hicieron hueco. Su presencia no se hizo notar sólo en la capital de Bergantiños. Ayer, los zagales se lo pasaron pipa en Ponteceso, donde dentro de las fiestas de la Barquiña se prepararon varios juegos para ellos. Pero para diversión infantil, la que se pudo ver en las piscinas de A Rocheira de Coristanco el domingo. Aprovechando que hacía un calorcillo de lo más rico el agua fue un perfecto divertimento. Se tiraron en plancha y hasta de bomba. Seguro que a José Luis Fondo y a Antonio Pensado, alcaldes de Ponteceso y Coristanco, respectivamente, se les escapaba una sonrisa de felicidad al ver lo que se divertían los más jóvenes de los pueblos que gobiernan. El fin de semana no sólo deparó celebraciones laicas, los niños también participaron activamente en las tradiciones de la comarca, como en la romería da Barca. Con increíble velocidad se deslizaron muchos niños por debajo de la Pedra dos Cadrís, que completaban el recorrido sin apenas esfuerzos, mientras que otras personas sudaban la gota gorda para pasar por debajo. Al que también se le debió escapar la sonrisa de satisfacción entonces fue al cura de Muxía, Manuel Liñeiro, al comprobar como los canijos participan en actos píos, ahora que ir a misa no está de moda entre los de menos edad.