Por sus robos los conoceréis

C. ABELLEIRA CARBALLO

CARBALLO

Los delincuentes que actúan en la zona cometen delitos tan disparatados como la sustracción de una guitarra o la de seis cajas de helados El cambio de milenio, la crisis alimentaria, ocho meses de lluvia... es difícil averiguar el motivo de la proliferación de robos a cada cual más disparatado. A falta de datos estadísticos que confirmen la teoría, la hemeroteca de La Voz de Galicia demuestra, en primer lugar, que delitos tan clásicos como el tirón están cayendo en desuso. Si exceptuamos las sustracciones de coches, una modalidad en la que esta zona está en vanguardia, entre los ataques a la propiedad cometidos en los últimos meses figuran la sustracción de una guitarra, de seis cajas de helados y de un estuche de lámparas de repuesto. Sus hechos los delatan.

11 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo que también demuestra la hemeroteca -realmente es una pena que la Subdelegación del Gobierno no facilite datos estadísticos que nos permita ser más rigurosos- es que la delincuencia azota la Costa da Morte de forma cíclica. En el cómputo de despropósitos destacan los robos. Los meses de mayo y julio han sido especialmente prolíficos, pero el de agosto también promete. Todavía no hemos alcanzado el ecuador del mes estival por excelencia y ya tenemos a un vecino de Ortigueira detenido por robar una guitarra española del interior de un vehículo y un pantalón vaquero -que era de su talla, por cierto- de otro; sin olvidar a unos jovencitos, supuestamente, que saquearon establecimientos públicos y privados del municipio de Cerceda para hacerse con un rosario de objetos, desde una cabina telefónica enterita hasta unos paquetes de azúcar. Los hay que realmente tienen mala suerte, como el carballés que robó un coche en Xesteda el 8 de abril y tuvo un accidente. Su experiencia no le sirvió de ejemplo a otro joven, que, tres meses después, además de usar un turismo ajeno, intentó huir del control de la patrulla de Tráfico en Ponteceso y acabó saliéndose de la carretera. Con los vehículos a motor pasan cosas muy curiosas. Puede ocurrir que su sobrino intente atropellarle dos veces en el mismo día y en sendos pasos de peatones, como le pasó a otro carballés el 19 de mayo, o que un respetable muxián que ya ha cumplido los sesenta se dedique, precisamente la noche de la fiesta de la parrroquia, a rayar los coches de siete vecinos, incluido el de la orquesta. En el mismo municipio, uno de los sucesos más sonados del año fue la irrupción de unos desconocidos, armados y haciéndose pasar por electricistas, en la vivienda ocupada por una mujer y su hijo, que se subió al tejado para pedir ayuda. Los vecinos, ni caso. Las mujeres suelen ser más comedidas a la hora de delinquir, aunque este año nos deja excepciones como la de una carballesa que cogió prestado el perro de su vecino o el de otra que fue sorprendida fumándose un porro mientras conducía, claro que en la guantera llevaba provisiones. Profesionales Cuando son profesionales no le temen a nada. El caso más reciente es el atraco a la oficina de Caixa Galicia en Cee, esta misma semana. «Esto es algo entre el banco y yo», dijo el asaltante, y nadie le replicó, entre otras cosas porque iba armado con una pistola. Otros usan armas menos comunes, como aquel encapuchado que atemorizó con un pico de obra a la trabajadora de la cabina del peaje de Larín. Y es que hay que tener mucho cuidado, incluso con la familia, para que no nos pase lo mismo que a los fisterráns que acogieron en su casa al novio de la hija y éste les pagó birlándoles 120.000 pesetas. Otros se mojan incluso por menos, como el que robó el 2 de julio un estuche de lámparas de repuesto en un coche que estaba aparcado en Ponteceso o el otro que nueve días después se llevó seis cajas de helados de un chiringuito de Pedra do Sal. ¿Tendría tanta hambre?