Toda una vida de nueve meses

REDACCIÓN CARBALLO

CARBALLO

CASAL

Los ganaderos de Ternera Gallega siguen mimando extremadamente el cuidado de sus animales a pesar de la crisis de las «vacas locas» La última ternera de la explotación de Basilio Blanco, en el lugar de Riotorto en la parroquia pontecesana de Cores, nació el sábado pasado. Este animal era hace unos meses un tesoro de monedas de oro, hoy las onzas no son más que de cobre. A pesar de ello, es un privilegiado, desde que llegó al mundo recibe esmerados cuidados: sus primeros cuatro días han transcurrido al calor de la melena rubia de su progenitora. Su carne será de la denominación Ternera Gallega. Cuando cumpla nueve meses tendría que llegar a las carnicerías, aunque el mal de las «vacas locas» puede truncar el futuro que el destino le había preparado.

13 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

En Riotorto, donde está la corte de Basilio Blanco, los teléfonos móviles no tienen cobertura. Si se pega el oído a las puertas o al aire sólo se puede escuchar el «guau» de los perros y el «muuu...» de las vacas. Su explotación es de 33 reses y doce becerros, que rebosan salud y no representan peligro para el consumo. Dentro de unos días, la recién nacida se juntará con las de su especie. Entonces, Basilio le abrirá la puerta dos veces al día, a las ocho y media de la mañana y de la tarde, para ir a mamar la leche. Él cuida con mimo la alimentación para asegurar que puedan llevar el sello de Ternera Gallega. «Ata os cinco meses só toman leite, despois combinase con fariña de millo, silo i herba seca», explica el ganadero. Ya en los últimos meses, antes de ser sacrificadas, se añade el pienso. Cada seis meses, acuden técnicos para realizar comprobaciones. Los veterinaros efectuan a los animales diversos controles como análisis de orina y estudian el contenido del concentrado que comen. Enfermedad En esta corte de Ponteceso se ha instalado el miedo desde diciembre. Desde esa fecha, los ojos de Basilio son como el cielo de Riotorto: grises y acuosos, premonitorios de agua futura. Es por la encefalopatía espongiforme bovina. Por culpa de ella, hay tres becerros de once meses en el establo. Basilio cuenta que un carnicero se comprometió a comprarlos, pero aún no ha venido a por ellos. Los tres están robustos como toros, pesan más de trescientos kilos, y para desgracia de Basilio, que además de no venderlas las tiene que mantener, comen pienso y hierba a toneladas. El ganadero, sin dar precisamente saltos de alegría, dice que vendrán a buscarlas de la Xunta, pero que le pagarán menos de la mitad de lo que valían en el mercado hace unos meses. «Temos que presentar un aval bancario de 50.000 pesetas por cada res», asegura Blanco Anido. Así, cuidando de sus vacas, pasa el día Basilio, esperando que el cauce vuelva al río y que el cobre revierta nuevamente en oro.