El frío cambió la historia del ser humano

El cerebro se desarrolló en sintonía con los bruscos ciclos climáticos


REDACCIÓN / LA VOZ

El relato de la humanidad describe la evolución de una especie que ha tenido que adaptarse a los constantes cambios del clima.

«Gran parte de la historia del hombre ha transcurrido durante las glaciaciones, períodos en los que las temperaturas eran mucho más bajas que en la actualidad», confiesa José Enrique Campillo, autor de Homo Climaticus, un libro que explica la influencia del clima desde el Homo sapiens hasta el Antropoceno.

El ser humano nunca ha sido el animal más grande, rápido o fuerte. Pero su cerebro, una ventaja de la evolución, compensa cualquier debilidad frente al resto de especies. Este órgano se desarrolló en sintonía con los bruscos ciclos climáticos. «Hubiera sido terrible que la evolución nos hubiera dotado de una pelambrera como la de un bisonte para las épocas frías porque no podríamos sobrevivir a los períodos cálidos. En lugar de ello, el ser humano lo que hacía era matar un bisonte y hacerse un abrigo de piel. El cerebro le ha permitido al ser humano adaptarse a cualquier circunstancia. Esta es la razón de que nuestra especie sea la única capaz de colonizar todos los entornos, desde los gélidos polos a los calurosos trópicos», añade.

El frío intervino además en otro proceso evolutivo. La comunidad científica ha constatado que los cráneos de los primeros Homo sapiens han ido ganando rasgos femeninos con los años. «Así es. Se aprecia por ejemplo que los huesos de la cara se han feminizado», confirma Campillo. Para entender qué pasó hay que remontarse miles de años, cuando los antiguos hombres y mujeres se resguardaban en cuevas, como la de Altamira o El Castillo, para combatir las bajas temperaturas, que durante los inviernos podían descender hasta los veinte grados bajo cero. «Con ese frío tan intenso la gente se veía obligada a convivir dentro de las cavernas durante meses. En esa situación un individuo especialmente agresivo representaba una amenaza para el resto de la tribu, así que había que eliminarlo. Tras siglos excluyendo a las personas más violentas, la especie fue cada vez menos hostil», comenta el autor y médico. La feminización de los machos, como menciona el experto en nutrición en su libro, se ha observado también en la variación en los niveles de testosterona. «Lo que diferencia a un macho de la hembra son sus hormonas, como testosterona. Los niveles han ido descendiendo desde entonces y de hecho siguen haciéndolo en la actualidad. En una civilización tan sociable como la nuestra, los hombres violentos son todavía un verdadero problema. Dentro de miles de años la evolución hará que las sociedades sean menos agresivas», termina Campillo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
14 votos
Comentarios

El frío cambió la historia del ser humano