Tucho o Coyo, un armador de Ribeira con carácter que emprendió turbias travesías

Ana Gerpe Varela
A. Gerpe RIBEIRA / LA VOZ

RIBEIRA

Antonio Vidal, en una imagen del 2004
Antonio Vidal, en una imagen del 2004

Inició una brillante trayectoria pesquera que acabó marcada por denuncias y espectaculares operaciones judiciales

10 may 2021 . Actualizado a las 01:00 h.

Querido y cuestionado, a veces incluso envidiado, Antonio Vidal Suárez, Tucho o Coyo, inició una saga pesquera familiar que alcanzó una brillante trayectoria, pero que también se vio empañada por denuncias de pesca ilegal y espectaculares operaciones judiciales con graves acusaciones que provocaron que hasta acabara en la cárcel.

A este vecino de Ribeira, fallecido ayer a la edad de 68 años, lo de ser armador le llegó de su padre. Comenzó a trabajar en el mar de la mano de él y de sus hermanos, hasta poco después de la muerte de su progenitor. Quienes le conocieron afirman que era un hombre emprendedor, trabajador y un gran profesional que conocía a fondo el duro oficio de la actividad pesquera.

Era un hombre de carácter, pero también de costumbres. Tucho o Coyo era una persona de andar por casa, aunque lo hiciera en coches de alta gama, y de rutinas Era habitual verlo jugar la partida con sus amigos en un bar de marineros de la plaza García Bayón de Ribeira o encontrárselo en la subasta de la lonja.

Separado del negocio familiar que tenía con sus hermanos, se estableció por su cuenta y se convirtió en el alma mater de la empresa Vidal Armadores. Llegó a tener un buen número de embarcaciones y de empleados.

Con barcos en banderas de distintos países, su empresa comenzó a hacerse cada vez más importante en el mundo pesquero. Sin embargo, a medida que la compañía crecía también lo hicieron los problemas porque cada vez eran más turbias las aguas en las que se adentraba Tucho.

El Camouco

Estaba en el punto de mira de quienes luchan contra la pesca ilegal y frente a los que lo calificaban del pirata más activo del Índico aseguraba que «piratas son eles, que abordan a tiros un barco en augas libres».

Puede decirse que todo comenzó con el Camouco, un barco que permaneció apresado por la Justicia francesa durante seis meses en Isla Reunión y que, todo hay que decirlo, consiguió ser liberado con una sentencia que pasó a los anales jurídicos de Francia. Los jueces del alto tribunal de Naciones Unidas condenaron a Francia a liberar al buque y a su capitán.

La relación de embarcaciones de la empresa de Tucho que resultaron apresadas a lo largo de los años es extensa y conocida internacionalmente. Como también lo fue la persecución de la que logró escapar el Viarsa. Fueron nada menos que 21 días, por un crudo Atlántico sur sembrado de icebergs y con fuertes tormentas, las que este pesquero logró evitar ser apresado por una patrullera australiana. Las autoridades del país acusaban a la embarcación de pesca ilegal de merluza negra en aguas de su jurisdicción, así como de desobediencia en el ejercicio de sus funciones.