Los dueños de perros no consiguen pisos para alquilar en la comarca

Los propietarios se niegan a arrendarlos por los posibles daños en los inmuebles


ribeira / la voz

«Difícil no, dificilísimo». Esa es la respuesta que dan la mayoría de los trabajadores de las inmobiliarias de la comarca cuando se les pregunta si es fácil encontrar un piso para alquilar si el inquilino tiene una mascota. Si la situación ya era complicada desde hace tiempo, en el último año todavía se ha enredado más, «porque hay muchos propietarios que tuvieron malas experiencias con gente que tenía perros y gatos, y prefieren tenerlo vacío a arrendarlo. Muchos optan por dejar de ganar dinero a tener que gastar luego todo lo ingresado en reparar los daños causados», apuntan desde una agencia noiesa.

El problema no está solo en el deterioro que pueden causar los animales en los inmuebles, sino también en las incomodidades que deben sufrir el resto de vecinos del edificio. «Hay personas que pasan todo el día fuera de casa y tienen al perro o al gato encerrado en el piso, molestando a muchos de los residentes de la comunidad», destacan desde una inmobiliaria boirense, donde reconocen que en muchas urbanizaciones se han cambiado los estatutos para prohibir la entrada a animales.

Esto complica todavía más la situación para aquellos ciudadanos con canes o gatos que buscan residencia en la comarca, y que cada vez son más, señalan desde esta agencia de Boiro, donde calculan que, «de cada diez clientes que vienen buscando piso, siete tienen mascota». También en Ribeira son conscientes de que la situación es muy complicada para estos inquilinos, ya que muchos propietarios se cierran en banda, «y no solo no quieren alquilar a personas con perros, sino que incluso hay quien no quiere que tengan niños».

Casas unifamiliares

La solución para algunos pasa por intentar arrendar viviendas unifamiliares, donde no se moleste al resto de vecinos y el animal disponga de un espacio al aire libre. «Pero aquí también está la cosa muy complicada, porque hay pocas casas que se alquilen todo el año, porque a la mayoría de dueños les conviene reservarlas para la temporada estival, porque le sacan mayor rentabilidad», opinan desde una inmobiliaria de Ribeira.

La misma respuesta ofrecen en una agencia de A Pobra, a lo que también añaden otro dato: «La mayoría de estos inmuebles son herencias o segundas viviendas y no disponen de servicios para pasar el invierno. Muchos inquilinos no las quieren porque tienen muchos gastos para calentarlas, y luego entra el frío por las ventanas, las puertas».

En este mismo negocio pobrense reconocen que el problema para los clientes con mascota que buscan residencia no es solo durante estos meses, sino que también se repite durante la temporada de verano. «Hay propietarios que te dicen que ellos tienen a sus perros en la huerta, y que no van a alquilar su piso a otros para que los metan dentro de la vivienda».

«Nos tuvimos que ir de casa porque los canes del vecino no nos dejaban vivir»

Nunca tuvo nada en contra de los animales, hasta que comenzaron a hacerle la vida imposible. Los vecinos del piso de al lado de Marina Fernández tenían varios perros y «los dueños se pasaban todo el día fuera de casa, pero los animales se quedaban allí encerrados. Y ya sabemos como están construidos las viviendas de hoy en día, que las paredes son de papel. Pues nosotros escuchábamos todo el tiempo a los perros corretear y saltar de un lado para otro, o dándole golpes a una pelota».

 

El mayor problema llegaba por las noches, puesto que su dormitorio justo estaba pegado a la cocina del otro piso, donde dormían las mascotas. «Mi marido tiene el sueño muy ligero y se pasaba las noches en vela, porque se despertaba constantemente con el ruido que hacían los perros», apunta Fernández, que reconoce que fue una época muy mala, en la que escuchaban cualquier clase de sonido y ya se alteraban. «Siempre piensas que tienes el fin de semana para descansar, pero nosotros ni eso, así que al final nos tuvimos que ir de casa porque los canes del vecino no nos dejaban vivir», afirma la ribeirense.

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Un problema con difícil solución

Alquilar un piso es una decisión complicada, puesto que hay que dejar en manos de un extraño un bien propio que, en el mejor de los casos, lo devolverá tal y como se le entregó. Tener o no mascota es un condicionante muy importante a la hora de vivir en un inmueble, pero muchas veces es más culpable de los daños el propio dueño que el animal.

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