«Nos tuvimos que ir de casa porque los canes del vecino no nos dejaban vivir»


Nunca tuvo nada en contra de los animales, hasta que comenzaron a hacerle la vida imposible. Los vecinos del piso de al lado de Marina Fernández tenían varios perros y «los dueños se pasaban todo el día fuera de casa, pero los animales se quedaban allí encerrados. Y ya sabemos como están construidos las viviendas de hoy en día, que las paredes son de papel. Pues nosotros escuchábamos todo el tiempo a los perros corretear y saltar de un lado para otro, o dándole golpes a una pelota».

El mayor problema llegaba por las noches, puesto que su dormitorio justo estaba pegado a la cocina del otro piso, donde dormían las mascotas. «Mi marido tiene el sueño muy ligero y se pasaba las noches en vela, porque se despertaba constantemente con el ruido que hacían los perros», apunta Fernández, que reconoce que fue una época muy mala, en la que escuchaban cualquier clase de sonido y ya se alteraban. «Siempre piensas que tienes el fin de semana para descansar, pero nosotros ni eso, así que al final nos tuvimos que ir de casa porque los canes del vecino no nos dejaban vivir», afirma la ribeirense.

En un principio, Marina Fernández y su familia barajaron la posibilidad de que solo estarían fuera del piso los fines de semana, porque tenían una pequeña casa a las afueras a la que podían trasladarse temporalmente. Sin embargo, la decisión fue en firme: «Nos fuimos y ya no volvimos más. Lo peor fue que, a los pocos meses, nuestros vecinos también se fueron del piso de al lado con los perros».

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«Nos tuvimos que ir de casa porque los canes del vecino no nos dejaban vivir»