María en Daniel

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

La abogada María Briones, recientemente fallecida.
La abogada María Briones, recientemente fallecida. CARMELA QUEIJEIRO

19 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Ateneo es como cualquier otro club eminentemente masculino: en sus bordes siempre hay una competición a veces graciosa y a veces ridícula —quién leyó más libros, quién conoció a más famosos, quién ganará la próxima UFC—. Un equilibrio entre pulsión y estatus que nos mantiene girando en la puerta giratoria de una comedia en blanco y negro. Somos muchos afinadores de cisternas pero también hay un violinista, el letrado Daniel Insua.

Es curioso que uno de los abogados del Ateneo tenga la rara virtud de no necesitar llevar la razón en cada conversación. Nunca utiliza su cultura como maza, al contrario, he aprendido más de sus matices que de muchos libros. Es un buen tío, con esa forma arriesgada de inteligencia que es la amabilidad, una grandeza de alma que nunca florece sola.

Cuando supe que María Briones nos dejó, sentí inmediatamente su presencia indirecta dibujada en cada palabra que leí de Daniel. Apenas hablé con ella tres o cuatro veces y sé que su prestigio profesional brilla con luz propia, pero a mí siempre me ha fascinado el efecto del amor con el paso del tiempo. ¿Cuánto de la gracia de Daniel es María? ¿Cuánto de su sensibilidad? En los años que lo conozco, ¿cuántas veces la citó sin nombrarla? Probablemente todas. Así uno entiende de dónde venía la música.

Como ribeirense, me quedo con la abogada rigurosa que todos admiramos. Como ateniense, me quedo con algo más difícil de medir: la manera en que configuró el alma de Daniel; la bondad es un vaso comunicante. Quizá el amor sea eso, una influencia cálida, un espejo, que nos mejora sin ruido.