Asumo la explicación de los chavales, que es un error, porque la hipotética mala fe solo tendría un premio de 250 euros
02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Remata un año más y lejos del buenismo que suele inundar estas fechas, que también ha inspirado esta columna en otras ocasiones, quiero traer a colación una noticia actual como muestra de que hay virtudes y defectos atemporales en esta España nuestra.
En un pequeño municipio y villa de la provincia de León, que apenas supera los 800 vecinos, con apeadero de tren, quince jóvenes se esfuerzan por dinamizar la anodina vida de ese montañoso núcleo y, a la vez, llevar la contraria a quienes afirman que nuestra juventud es indolente. Entre otras iniciativas, para recaudar fondos, venden participaciones de la lotería de Navidad con un euro de recargo en cada una, con lo que reunirían la estratosférica cantidad de 450 euros para la comisión de fiestas. Toca el gordo y se percatan de que hay un talonario, 50 papeletas, que no están respaldadas con décimos debido a un error.
Yo asumo la explicación de los chavales, que es un error, porque la hipotética mala fe solo tendría un premio de 250 euros y presupondría el acuerdo —y silencio— de los quince. Algo que en este país sabemos que es imposible. Pues bien, esa virtud de arremangarnos juntos por un desafío social plausible se ve empañada por el defecto patrio de preferir un buen pleito y no un acuerdo, sea malo o bueno. Pasando por la cutrez de obligar a los chavales a renunciar a sus premios para lograr que la quita de ocho mil euros por participación baje a la mitad.
¡Qué pena que no tengamos a mano a un Lope de Vega, un Calderón o un Buero Vallejo! ¡A un Valle Inclán o una Angélica Liddell, para retratar esta tragicomedia nacional!.
¡A por el 2026!.