Emma Ordóñez, jugadora de voleibol: La boirense que voló del nido para poder triunfar

Christopher Rodríguez
CHRISTOPHER RODRÍGUEZ RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

CESAR QUIAN

La joven regresa a Galicia tras dos temporadas en las islas Canarias disputando la máxima división nacional

18 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Muchas de las mejores cosas que suceden en la vida proceden del lugar menos esperado. Un día cualquiera, marcado por la rutina de siempre, en el que todo da un vuelco de 180 grados. Emma Ordóñez (Boiro, 1999) comenzó su idilio con el voleibol de forma fortuita, tras la visita a su colegio de un entrenador que le mostró un deporte del que se enamoró perdidamente y del que nunca más se separaría hasta llegar a la máxima élite.

Boiro, A Coruña, Granada, Tenerife o Gran Canaria son algunos de los lugares que han podido disfrutar del talento de la jugadora que cada fin de semana. Una joven que desde hace más de una década se sube las rodilleras a diario para seguir haciéndose más y más grande en el mundo del voleibol.

Forjada en las categorías inferiores del Boiro, Emma hizo las maletas a una edad muy temprana en dirección a Soria, sede de la concentración permanente juvenil, donde se reúnen los talentos más precoces del voleibol nacional. Esa oportunidad, aunque la pilló por sorpresa, fue todo un presagio del exitoso futuro que estaba por venir: «En el momento pensé que era una broma, pero no dudé en aceptar el reto».

La explosión

Tras tres años en Castilla y León, la boirense decidió regresar a su tierra para unirse a las filas del Zalaeta de A Coruña, de la segunda división. En la ciudad herculina, Emma se hizo un nombre en el voleibol nacional, aupando a su equipo a disputar una Copa Princesa y una fase de ascenso como principal punta de lanza.

Sus buenas campañas no cayeron en saco roto, ya que le sirvieron para ser convocada para entrenar con la selección española absoluta: «Fue en ese momento en el que me di cuenta de que podía vivir de esto». Cinco temporadas en Superliga 2 acumulando actuaciones soberbias por toda la geografía española no pasaron desapercibidas para uno de los mejores equipos del panorama nacional.

En la temporada 2020/2021, Emma Ordóñez firmó por el CV Haris de Tenerife de la primera división, un salto que no le dio ningún vértigo a la jugadora: «Fue un gran cambio. Pasar de entrenar tres o cuatro tardes a la semana, a hacer doble sesión prácticamente a diario con un nivel de exigencia elevadísimo. Me costó adaptarme al principio, pero conseguí entrar en dinámica».

En el club tinerfeño, aunque no era de las jugadoras más habituales, consiguió cumplir uno de sus sueños, debutar en competición europea: «Fue un momento impresionante y una experiencia única. Juegan a otro nivel diferente al de España».

A final de temporada, con la renovación por el Haris encima de la mesa, Emma decidió cambiar de aires, pero no para irse muy lejos. El Sayre CC La Ballena se hizo con sus servicios para afrontar una campaña que la boirense aprovechó para curtirse en la máxima categoría: «Me propusieron una buena oferta y un proyecto con el que podía adquirir experiencia, así que decidí cambiar de isla».

Vuelta a casa

A pesar de que se hizo con la titularidad en el conjunto grancanario, tampoco aceptó renovar a final de temporada, ya que sus objetivos e ilusiones están ubicados en Galicia.

Tras su paso por el archipiélago, Emma decidió volver a Zalaeta, el club que la vio crecer. En A Coruña, además de disputar la segunda división con uno de los favoritos al ascenso, podrá completar sus estudios universitarios de fisioterapia: «Volví porque han hecho un proyecto muy interesante, con muy buenas jugadoras y el objetivo es estar arriba otra vez. Personalmente quiero acabar la carrera para algún día poder ser fisioterapeuta».

Con tan solo 23 años, Emma Ordóñez tiene claras sus aspiraciones, tanto en el mundo del voleibol como en la vida. Su mentalidad de trabajo, una garra inquebrantable y unas capacidades físico-técnicas por encima de la media, han propiciado que la boirense se haya asentado en la élite del voleibol.

«Da igual el tiempo que pase, es mi pasión y siempre va a estar ahí», afirma Emma, conocedora de sus fortalezas y de sus puntos débiles. Detalles que nunca han mermado el espíritu luchador que le caracteriza a la hora de competir con más ganas que el rival, de saltar un poco más alto y de siempre pelear un balón más.