La dura batalla de un enfermo de cáncer por lograr la incapacidad

Al tercer intento y tras 17 meses de papeleo Víctor Álvarez ha conseguido la invalidez, pero le falta saber el grado

Víctor Álvarez emprendió una dura batalla burocrática a comienzos de septiembre del 2019
Víctor Álvarez emprendió una dura batalla burocrática a comienzos de septiembre del 2019

Ribeira / la voz

Casi un año y medio lleva el ribeirense Víctor Álvarez Pérez luchando por conseguir una invalidez permanente que le permita vivir con dignidad tras el inesperado revés que le ha dado la vida. En el verano del 2019, un linfoma nasal de células TN/K lo obligó a dejar su trabajo como marinero, al que ni ha podido ni podrá regresar. Pese a ello, lograr la invalidez no ha sido para él una tarea fácil. Tras dos intentos fallidos, en los que el Instituto Social de la Marina rechazó su petición, al tercero consiguió su objetivo, pero todavía está pendiente de saber el grado que le asignarán.

Víctor Álvarez emprendió esta batalla burocrática a comienzos de septiembre del 2019, cuando ingresó en el Clínico para someterse a una intervención tras serle diagnosticado el linfoma nasal. Echó mano de los diez meses de paro que tenía acumulados, pues entendía que su situación no dejaba lugar a dudas: «Foron os médicos os que desde un primeiro momento me dixeron que non podería volver ao mar, primeiro porque me tería que someter a un tratamento moi longo despois da intervención, e segundo, porque debería estar sempre baixo control».

Pero aquella primera solicitud de incapacidad le fue denegada con el argumento de que los linfomas tienen curación. Al segundo intento, a Víctor Álvarez le concedieron una invalidez temporal, que se materializó en el cobro de 444 euros al mes, una cantidad a todas luces insuficientes para subsistir, teniendo en cuenta sobre todo que el ribeirense tiene que hacerle frente a una hipoteca.

Vía judicial

Asesorado por un abogado, Víctor decidió recurrir a la vía judicial para defender sus derechos, un proceso que mantiene abierto, pese a que hace unos días le comunicaron el inicio de un expediente de incapacidad permanente. En función del grado de invalidez que le concedan, decidirá si sigue o no adelante: «Penso que o que me corresponde é o 77 % e non me vou conformar con menos».

«Foron os médicos os que desde un primeiro momento me dixeron que non podería volver ao mar»

Y es que los médicos que tratan al ribeirense de su linfoma le insisten en que no podrá volver a navegar. Pero, a mayores, tampoco le quisieron renovar el reconocimiento médico del mar cuando le venció, el pasado mes de noviembre: «Dixéronme que, polo meu historial, non era posible conseguilo, nin para pesca de altura nin para a de baixura».

Víctor Álvarez no ve otra salida que no sea la percepción de una pensión digna derivada de la invalidez permanente: «Eles pensan que, aínda que non estea apto para ir ao mar, podo desempeñar un traballo en terra, pero desde os 17 anos, a miña profesión foi a de mariñeiro. Agora que teño 50, que vou facer en terra?».

Además, el ribeirense sigue lidiando su particular lucha contra el cáncer. Padece uno de los linfomas más graves que existen, lo que lo obligará a someterse a pruebas de forma constante, y está pendiente de una compleja reconstrucción de nariz.

Víctor Álvarez: una vida truncada por el maldito cáncer y la asfixiante burocracia

m. x. blanco

Tuvo que dejar su trabajo en el verano del 2019 y no logra la incapacidad absoluta

Hay historias que ponen la piel de gallina, que constituyen una prueba irrefutable de lo injusta que es la vida y de lo cuesta arriba que puede llegar a ponérsele a algunas personas. La del Víctor Álvarez Pérez es una de ellas. Después de estar trabajando en el mar desde los 17 años, cuando se acercaba a los 50 se tuvo que enfrentar a un inusual cáncer, un linfoma nasal de células TN/K. Por si afrontar la enfermedad y los duros tratamientos que conlleva no fuera suficiente castigo, el ribeirense se vio inmerso en un asfixiante entramado burocrático del que todavía no ha conseguido salir. Lleva más de un año y medio sin poder trabajar y, pese a que los médicos le aseguran que borre el regreso al mar de sus planes de futuro, no ha conseguido la incapacidad absoluta.

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