Ribeira / la voz

Un grupo de gaitas alteraba la monotonía del centro de la ciudad a última hora de la mañana de ayer. El pasacalles finalizaba delante del Museo Municipal de Ribeira poco antes de que comenzase la inauguración oficial de la muestra Bravura, 100 anos do naufraxio do Santa Isabel. El día amaneció gris, pero no tenía nada que ver con la madrugada de hacía exactamente un siglo, el 2 de enero de 1921, en la que el vapor-correo Santa Isabel se hundió junto a Sálvora debido a una tormenta que lo arrastró hacia las rocas. 

Las medidas anticovid obligaron a que el acto fuese muy sencillo. Un puñado de personas, ente representantes municipales y responsables de la exposición, se dieron cita para acompañar en una nueva travesía al barco que llevaba emigrantes que viajaban a América en busca de otros horizontes. Aquella trágica noche, las ilusiones de muchos de ellos quedaron sesgadas en la bocana de la ría de Arousa.

Un pequeño recorrido por la muestra es más que suficiente para conocer algo más de una tragedia que acabó con la vida de un total de 213 personas, y que ensalzó y elevó a los altares la valentía y la solidaridad de los habitantes de la isla de Sálvora, que arriesgaron su vida y lograron rescatar a más de veinte tripulantes que iban a bordo. En total sobrevivieron 53. La gesta tuvo trascendencia a nivel nacional e internacional. Sin embargo uno de los aspectos sobresalientes fue el arrojo de cuatro mujeres de la aldea: Cipriana Crujeiras, María Fernández, Cipriana Oujo y Josefa Parada, las heroínas de Sálvora.

Dar visibilidad

El comisario de la exposición, Miguel Vidal, reconoció que el de ayer era un día especial para visibilizar un hecho histórico con el objetivo de dar a conocer «un pouco máis este suceso».

La primera teniente de alcalde, Mariola Sampedro, reconoció que al Concello le habría gustado hacer de la inauguración un acto más abierto a la sociedad, y en especial poder contar con la presencia de familiares de los residentes en la isla cuando ocurrió el accidente, así como del segundo oficial, Luis Cebreiro López, que cedió diverso material. Aún así, destacó que esperan hacer un acto «como se merece, pero máis adiante porque a mostra estará un ano aquí».

Miguel Vidal hizo de guía y fue explicando cada panel y las piezas expuestas. Empezó con una gran fotografía de los supervivientes, para detenerse ante un álbum de fotos de hace cien años con la cara de más de mil ribeirenses que emigraron a Latinoamérica. También se puede observar el barco por dentro y cómo se construyó durante cinco años.

Sampedro retrocedió en el tiempo para decir: «Nunca estivemos tan cerca do 1921, pois daquela tamén había unha pandemia. Con esta mostra queremos manter o espírito e o legado que nos deixaron as heroínas».

La muestra alberga un manuscrito de Valle-Inclán sobre el naufragio

La exposición sobre el hundimiento del Santa Isabel cuenta con piezas únicas que pueden verse por primera vez. Es el caso de un manuscrito de Valle-Inclán, realizado por el dramaturgo con la intención de crear una tragedia griega y que al final no se llevó a cabo.

Viaje al fondo del mar. En el museo ribeirense, los visitantes podrán observar un vídeo en el que unos buzos bajan al fondo del mar para grabar el lugar exacto donde se hundió el barco y en el que todavía se pueden apreciar restos del buque.

«Estoy salvado». El segundo oficial, Luis Cebreiro, fue un protagonista destacado de esta tragedia al salvar a unos 30 náufragos. Cuando llegó a Ribeira y su estado de salud se lo permitió, lo primero que hizo fue poner un telegrama a su familia con una única frase: «Estoy salvado». Además, fue el único que llegó a tierra nadando. Fue el marino más condecorado del siglo pasado.

Homenaje en Vigo. Un gran panel muestra una fotografía con miles de personas en la calle en Vigo para homenajear a las heroínas de Sálvora.

La tragedia que dejó huella en Sálvora

j. m. jamardo / a. gerpe
Los hermanos María Jesús y José Insua, con Carmen Arnoso
Los hermanos María Jesús y José Insua, con Carmen Arnoso

Solo 53 de los 266 tripulantes del vapor se salvaron, una veintena gracias a habitantes de la isla

Oscuridad, viento, lluvia y temporales eran compañeros frecuentes de los 57 habitantes de Sálvora. El invierno en la isla era muy duro y en Nochevieja algunos de ellos, unos veinte, cogieron los botes para dar la bienvenida al 1921 en tierra firme, en Carreira. Se quedaron en la aldea los más jóvenes, las mujeres y las personas mayores. En la madrugada del 2 de enero descansaban plácidamente cuando, sobre las cinco, el farero daba la voz de alarma en el poblado: un barco se había hundido en las piedras que están frente al faro, sobre las rocas de Pegar.

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Un legado de solidaridad y valentía