¿El futuro del rural?


Quién creería hace escasos meses que el futuro sería rural... No ha pasado demasiado desde que los grandes gurús afirmaban que en cuestión de décadas viviríamos en megaciudades al más puro estilo China. Urbes de cemento con millones de habitantes que absorberían a los habitantes de los pueblos y las ciudades más pequeñas.

La pandemia ha cambiado esa tendencia y el teletrabajo se ha convertido en el presente y en el futuro para muchos de esas localidades que veían como el censo caía inexorable año tras año. En Barbanza vemos cientos de ejemplos. Hay millones de profesionales que solo necesitan un ordenador para hacer su trabajo. Diseño, arquitectura, informática, ingeniería... Esos son algunos de los sectores que pueden prescindir de las grandes ciudades. No dudo que tienen sus beneficios, como una vida social más dinámica, pero también sus puntos negativos: tráfico, alquileres disparados, contaminación...

En Nueva York se hicieron estudios que demostraban que los edificios a partir de cierta altura eran perjudiciales para la gente que los habitaba. Lo vecinos interactuaban menos, apenas se conocían unos a otros y la ciudad fue perdiendo su espíritu para convertirse en una mole sin alma de cemento, metal y hormigón. Lo mismo ocurrió con el París del barrio latino y el de las grandes avenidas. Uno tenía vida, el otro postureo.

Evidentemente desconozco si esta tendencia se mantendrá y si los pueblos gallegos seguirán sumando nuevos vecinos llegados de Madrid, Barcelona, Londres o Dubái. Lo que sí tengo claro es que si megaciudades son el futuro, no serán uno mejor.

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