Durante el período de confinamiento hubo muchas voces que destacaron el comportamiento ejemplar de los ciudadanos. Afirmaban que se les había obligado a estar en sus casas y lo habían hecho. Bueno, lo cierto es que hubo un gran despliegue, incluido el Ejército, para que eso fuera así. El miedo a una sanción fue determinante en muchos casos para conseguir esa obediencia.
Sin querer generalizar, lo cierto es que lo ocurrido durante este verano pone de manifiesto que en esa disciplina que muchos elogiaron hay bastantes sombras, no digo que no haya también muchas luces. En primavera se hablaba de que el verano, con la llegada del calor, daría una tregua en la batalla contra el coronavirus y que el otoño volvería a ser duro. No obstante, pocos períodos estivales tan calurosos se recuerdan en la comarca y, sin embargo, la escalada del covid no deja de ir en aumento desde que comenzó agosto.
También hubo muchas voces que apuntaron que de lo vivido desde aquel 14 de marzo que ya quedará para la historia aprenderíamos y saldríamos reforzados. Bueno, los hechos ponen de relieve que queda mucho por aprender y que hay bastantes que han olvidado rápidamente.
Es cierto que el área sanitaria de Santiago y Barbanza está mejor que otras en lo que respecta a contagios, pero también es verdad que falta disciplina. Hay que tener muy presente que el coronavirus no va a marcharse y que ya no podemos mantener la vida que hacíamos antes. Es duro, sí, pero es la realidad. No se trata de quedarse en casa, pero sí de guardar las distancias, lavarse las manos y usar mascarilla. Es fácil.