Hace unas semanas hacía referencia al modelo de recogida de basura que funciona en otros países con mayor efectividad gracias al compromiso y disciplina de los ciudadanos, que también se traduce en un menor coste. Hoy quiero complementar ese comentario denunciando algunas conductas que hacen que nuestro pueblo no tenga la imagen que debiera.
Es bastante frecuente ver en las inmediaciones de los contenedores mucha basura por el suelo, hasta que los barrenderos o los elementos meteorológicos le ponen remedio. Esto es debido a que buen número de personas todavía no depositan sus restos debidamente guardados en una bolsa, con lo cual el viento -que es habitual por ser la nuestra una zona costera- esparce todo. También hay la costumbre de que si el contenedor está lleno, en vez de acercarse al más próximo, se dejan las bolsas en el suelo durante horas (aquí cada uno saca la basura cuando cree oportuno); ahí entran en acción perros y gatos que atraídos por los restos de comida las deshacen y reparten.
Y la pandemia nos trae otro problema más, las mascarillas y guantes que el viento arrastra de las papeleras por estar mal depositados; cuando no son tirados directamente al suelo. Ya no voy a hablarles de la separación de residuos en el contenedor específico porque tenemos mucho que avanzar. O de las miles de colillas por aceras y calles. La cuestión es clara y la resume el dicho: «No es más limpio el que más limpia, si no el que menos ensucia». Hace falta mucha concienciación, mucho urbanismo desde el colegio y sanciones. La limpieza de un pueblo muestra su educación.