Nos declararon la guerra


Seguro se les habrá quebrado el corazón al ver lo que está sucediendo en la Amazonia. Si bien es cierto que la sequía de los últimos meses no ayuda, los gallegos sabemos bien que unos 30.000 focos no se prenden por la gracia de dios.

¡Cuán rematadamente sencillo es hacer el mal! La sabandija ultra conservadora de Jair

Bolsonaro lo ha demostrado a las claras. El sistema encarceló a Lula sospechosamente y al

nuevo presidente brasileño le ha faltado tiempo para precipitarse al abismo con todos nosotros encadenados irremediablemente a su demencia.

Ahora se entiende la alegría de Trump, Le Pen, los de Vox y buena parte de la derecha cuando salió elegido este señor. Al capitalismo le gusta esto. Nos aterran los comunistas y yo me sigo preguntando la causa de ese pavor viendo lo que pueden hacer pocos meses de políticas neoliberales. Al ver a donde hemos llegado me alegro de no haber tenido hijos y librarme así de la carga terrible de padecer su porvenir.

Estamos en los bises, en el epílogo de la tragedia: Siberia y Alaska arden, los hielos perpetuos también se mueren. Incluso tenemos ya plástico en las heces pero, ¿qué es lo que nos preocupa realmente? Está claro que nuestro legado no. ¿Nos preocupa el cuento ese de que nos van a expropiar nuestra cuarta vivienda? ¿Tienen ustedes cuarta vivienda? Vamos tarde.

Recuerden que hace bien poco la Xunta de Galicia ha aumentado la tasa para plantar eucaliptos una vez más. No hay que irse a países como Brasil, para ver que en Galicia también vamos muy mal.

Cantaba Serrat: «Padre, deje ya de llorar, que nos han declarado la guerra».

Pues defendámonos

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