Pero si me dan a elegir


Lija y terciopelo

Hay una canción de Sabina donde va mencionando las distintas vidas que le hubiera gustado transitar. La letra concluye así: «…pero si me dan a elegir entre todas las vidas yo escojo la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhan, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera». Yo también tengo una lista de existencias pendientes: ser hoplita en Esparta, Usain Bolt en Beijín, el príncipe Eric viendo derrumbarse el bikini de conchas de la Sirenita, Zack Morris en el instituto, Zidane en cualquier sitio, Rusty McDonovan leyendo un poema morado con un ojo triste, funámbulo en el Circo del Sol, un vagabundo de New York que sostiene un cartel en el que pone The end is near.

El viento en la falda de Marilyn, las madres de Roma contra Aníbal, un bibliotecario en Alejandría, un soldado de Kentucky con la foto de su chica en el bolsillo, el azul de Picasso, alcalde de Chernóbil, pandillero en la ruta 69, el catador de venenos de Cleopatra, piloto de un zepelín…

Solía ser especial el primer día del año en que me sumerjo en el mar. Sin embargo ayer sentí que ya no era igual. Antes el océano me cargaba de ilusiones y ahora parece que se está despidiendo de mí, que me lleva a un autobús lleno de fantasmas. Por la noche me puse la mano en el corazón, estaba teniendo una de mis taquicardias. «¿Pero qué te pasa, cabronazo?», le dije. Pum-pum, pum-pum; me fui quedando dormido mientras ese tambor me llevaba volando hasta el mar que me quería. Todas las vidas estaban allí. Y yo no sabía elegir.

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Pero si me dan a elegir