Como si se tratara de una película de Hollywood. En la megafonía de Barraña se escuchó una frase hasta el momento inaudita: «¿Hay algún árbitro en el estadio?». Surrealista fue lo vivido en el feudo barbanzano, donde se necesitaron cinco colegiados para que pudiera disputarse un Boiro-Choco que quedó relegado a un segundo plano. El espectáculo arbitral lo eclipsó todo.

Era el minuto 27 cuando el colegiado principal, Asier Fariña, sufrió un esguince de tobillo. Incapaz de seguir sobre el césped, el duelo se detuvo. En la grada, Diego García bajaba como una centella al terreno de juego. Él se encargaría de coger el banderín para que Miguel Oliveira, uno de los linieres, tomara el silbato. Después de unos 20 minutos, ya con el nuevo linier en la banda, el partido se retomó. Vencía hasta ese momento el Choco por 1-0. Félix, después de un zapatazo desde la frontal que no logró atajar Rodri, abrió el marcador al cazar el rechace y ayudarse de un rebote para batir por bajo al meta boirista.

Duro golpe para un Boiro que, aunque falto de profundidad, había sido el encargado de proponer más fútbol sobre el césped barbanzano. Changui, tras girarse en el área, había tenido la más clara para batir a Cortegoso, aunque su disparo fue manso a las manos del cancerbero.

Con el 1-0, y con los tres trencillas sobre el campo, el Boiro retomó el tempo del encuentro. Óscar tiró de magia para colarse en el área tras un caño de espuela a su par. Manu, con un zapatazo desde la frontal que repelió el larguero, hizo creer a la parroquia boirista que el empate era posible. No lo quiso el colegiado, que pitó un dudoso fuera de juego a Changui cuando el punta, con un disparo medido desde 20 metros, había alojado el balón en la red.

Parecía que la normalidad había regresado a Barraña hasta que el linier accidental, Diego García, corrió la misma suerte que su compañero y se torció el tobillo. «No puede seguir», bramaban los futbolistas, inmersos en una ola de surrealismo. Cuando todo apuntaba a que el partido tendría que suspenderse, los colegiados se sacaron un as de la manga. Damián Filgueira, que acababa de arbitrar el Abanqueiro-Carcacía, bajaría de Vista Alegre para poder finalizar el duelo.

Después de otro parón cercano a la media hora, el balón volvió a rodar sobre el césped. Tras unos instantes de desconcierto, el Boiro volvió a adueñarse del cuero. El Choco, sabedor de su ventaja, esperó atrás, buscando un contragolpe que sentenciara la contienda. El camino se le allanó tras una polémica cesión.

Manu, con amarilla, fue expulsado tras protestarle al árbitro. Con uno menos, el Boiro tiró de orgullo y cuajó sus mejores minutos. Era el minuto 60 cuando Ángel puso un centro al segundo palo. Óscar, de cabeza, firmó el empate. Fue un espejismo. Con los locales volcados, el Choco clavó la estaca en el corazón del Boiro con dos zarpazos calcados de Vilas y David. Anxo, desde el punto de penalti, recortó distancias en el último minuto, pero David, en otro contragolpe terminó con el partido y con el surrealista espectáculo arbitral.

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Espectáculo arbitral en Barraña