La comarca se levanta

Ana Gerpe Varela
A. Gerpe CRÓNICA

BARBANZA

Nunca han sido los ciudadanos de Barbanza personas que dejaran ver pasar la vida sin mostrar las armas con las que estaban dispuestos a dar la batalla, y las últimas movilizaciones así lo demuestran. Los barbanzanos se concentraron en defensa de la sanidad y la educación públicas, contra el recorte de los cupos de pesca, acudieron a Bruselas para defender la actividad de la flota del xeito o para exponer la injusticia del deslinde de Costas en lugares como Os Areeiros.

Ahora son decenas los jubilados que salen a la calle en protesta por unas pensiones de miseria. Las movilizaciones más concurridas se realizaron primero en Noia, donde cada lunes hay concentraciones de protesta, pero se han extendido rápidamente a otras localidades, como sucedió ayer en A Pobra.

A ellos se suman los emigrantes retornados, que desde hace años se mantienen incombustibles en su reclamación de un trato de igualdad en sus aportaciones tributarias. Pelean en las calles y lo hacen también en los tribunales.

Y no puede dejar de recordarse a los rianxeiros que, desde hace siete meses, mantienen su encierro en la casa consistorial para reclamar un centro de día.

También en la jornada del 8 de marzo se escucharon de forma alta y clara las voces de las mujeres barbanzanas, dispuestas a marcar el paso en la revolución feminista que es necesario realizar.

Los vecinos no están dispuestos a permitir que se pisoteen sus derechos, ni a que el dinero que les correspondería recibir por una vida de trabajo acabe sirviendo para pagar la codicia de los bancos o los desmanes de políticos que no han sabido respetar debidamente el dinero público.

La comarca se levanta y cada vez son más los movimientos reivindicativos que se llevan a cabo. Además, los ciudadanos muestran constancia. No se trata de actos de un día que luego pasan a la historia de los recuerdos. Están dispuestos a dar la batalla hasta final.

Los gestores de las cosas públicas, tanto locales como autonómicos o centrales, no deberían perder de vista lo que sucede fuera de las grandes ciudades. Más allá del esperpento catalán hay vida y tiene mucho que decir.