Las parcelas rústicas de la comarca son las más pequeñas de Galicia

El registro del Catastro tiene computados más de 89.000 propietarios en la zona


Ribeira / la voz

El minifundismo es uno de los principales problemas que condicionan el desarrollo económico de las zonas rurales barbanzanas. La comarca tiene cerca de 84.000 hectáreas de superficie clasificadas como rústicas que, en su mayor parte, son susceptibles de ser aprovechadas desde el punto de vista agroganadero o forestal. Sin embargo, el reducido tamaño de muchas parcelas no solo hace inviable su explotación económica, sino que las condena al abandono e, incluso, las convierte en un problema ambiental a la hora de, por ejemplo, prevenir incendios forestales. Esta realidad, que se repite en buena parte de la Galicia rural, resulta especialmente preocupante en la zona, que tiene el dudoso récord de disponer de las fincas rústicas más pequeñas de Galicia.

Mientras la superficie media en el conjunto de la comunidad autónoma se sitúa en 2.556 metros cuadrados -la provincial es ligeramente mayor, ascendiendo hasta los 2.716 metros- en el territorio barbanzano se queda en tan solo 1.446 metros cuadrados, superficie similar a la de cualquier pabellón polideportivo de la comarca.

Estas cifras son todavía más llamativas si se desglosan a nivel municipal, pues en municipios como Muros y Noia la superficie media de las parcelas agrícolas ni siquiera alcanza los 1.000 metros cuadrados, totalmente insuficientes para el trabajo con maquinaria pesada. En Outes por su parte, las fincas promedian un tamaño de 1.200 metros cuadrados, similar al que se da en Boiro o Rianxo, y que es prácticamente la mitad del que se registra en Lousame, Porto do Son o Ribeira. En el otro extremo están A Pobra -casi 3.000 metros cuadrados de media- y, sobre todo, Mazaricos, el principal municipio ganadero de la comarca y primer productor de leche de la provincia, donde el tamaño de las propiedades supera ligeramente los 4.000 metros cuadrados.

Medio millón de fincas

Por si esta atomización del terreno no fuese suficiente -el Catastro reconoce cerca de medio millón de parcelas rústicas en la zona- también se da la circunstancia de que existen más de 89.000 propietarios catastrales diferentes en la comarca. Esto dificultan enormemente una hipotética reorganización o concentración de la superficie para su aprovechamiento en común.

En este sentido, son muchos los expertos que piden la puesta en marcha de medidas normativas que faciliten la movilidad de tierras y su posterior aprovechamiento por parte de aquellas personas que emprendan en el área rural. De hecho, grandes especialistas en la materia, como el profesor de Economía Aplicada de la Universidade de Santiago, Edelmiro López Iglesias, apuntan la necesidad de priorizar el uso sobre la propiedad con el fin de revitalizar el campo y evitar su desaparición.

Al menos así se pone de manifiesto en el informe elaborado por el Foro Económico de Galicia, donde se defiende «dar prioridade aos usos e aproveitamentos adecuados do territorio fronte á inercia duns dereitos de propiedade case decimonónicos».

Ganaderos de Mazaricos amplían sus cultivos en Outes

Las granjas lácteas de la comarca aumentaron un 30 % su base territorial en apenas un lustro. Los ganaderos saben que en momentos de precios bajos para la leche y la carne, como los registrados durante la última década, la rentabilidad de muchos de sus negocios depende, precisamente, de la superficie de la que dispongan para cultivar su propio alimento y no tener que recurrir así a la compra de forraje foráneo. En este sentido, su búsqueda continuada de mayor número de fincas de cultivo les ha llevado incluso a trasladarse a municipios limítrofes como el de Outes para sembrar maíz, el forraje sobre el que se basa actualmente la alimentación de las vacas de leche.

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Manuel Reiriz: «Agrupando os terreos resultaría máis rendible, así non facemos nada»

El presidente de la comunidad de montes de Artes, Manuel Reiriz, asegura que el minifundismo constituye un auténtico problema: «O monte non está traballado porque non che dá nada e, por riba, se vén o lume perdes todo». Reconoce que lo mejor sería que fueran fincas más amplias: «Agrupando os terreos resultaría máis rendible, así non facemos nada».

 

Explica que posee varias fincas en la localidad de Abelleira, en Muros, y comenta un proyecto en el que participó hace una década, pero que no llegó a prosperar: «Varios propietarios chegamos a un acordo para arrendarlle a unha empresa os terreos. Encargábase do mantemento e da explotación e dábanos unha porcentaxe. Era unha solución moi boa. Tratábase dun plan pioneiro, pero ao final todo quedou estancado e non se fixo».

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José Manuel Silva: «Moitos titulares non saben nin onde teñen a finca e ás veces acabas na de outro»

Como dueño de una empresa maderera, el sonense José Manuel Silva conoce bien los problemas del minifundismo. Afirma que a veces se dan situaciones curiosas: «Moitos titulares non saben nin onde teñen a finca e ás veces acabas na de outro. Miras nas fotos de satélite do Catastro e, ao mellor, hai variacións dun metro ou dous e xa estás noutra parcela».

Indica que muchas personas, especialmente las que heredan terrenos forestales, le piden talar los árboles: «Nós animámolos a que non o fagan. Dicímoslles que poden sacarlle rendemento, que non deixen sen nada o chan».

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