Un sector en la encrucijada

Ana Gerpe Varela
Ana Gerpe CRÓNICA

BARBANZA

Un autentico bache están sufriendo en la actualidad los mariscadores y la cofradía de Noia, con una marea roja que no parece dispuesta a abandonar la ría y unas condiciones meteorológicas que tampoco ayudan nada a que esta se disipe. Un muestreo tras otro, y así durante cuatro semanas, las concentraciones de toxina continúan siendo altas. Justamente, esta situación se produce en el período de comercialización más importante del berberecho, el producto estrella que el pósito mima, hasta el punto de que actualmente es casi el vivero en Galicia de este bivalvo, antaño tan abundante. Únicamente en Os Lombos do Ulla parece haber también alguna reserva de este marisco, pero nada que ver con las toneladas que se extraen de las concesiones de Noia.

Precisamente, la marea roja aparece cuando la cofradía ya había comenzado a publicitar la imagen de marca del berberecho, esa con la que esta variedad 100 % procedente de la ría de Muros-Noia pretendía subir un nivel más en el mercado y dejar claras sus diferencias de calidad.

El pósito noiés lleva a cabo una gestión de sus bancos que constituye un ejemplo. No se conforma con la extracción del bivalvo que proporciona generosamente la ría, sino que desde hace años realiza una gestión férrea para preservar los recursos y, además también se preocupa por dar a conocer el valor diferencial de los mismos.

Al tiempo, colabora con universidades y participa en proyectos a escala internacional, como el que persigue demostrar los elementos diferenciales del berberecho gallego, algo que redundará en beneficio de toda esta especie de bivalvo que sale de las rías de la comunidad.

Sin embargo, hay un elemento contra el que no puede luchar: la naturaleza. Dado que son miles las familias que viven de esta actividad productiva en la ría de Muros-Noia, sería conveniente profundizar en los fenómenos que propician la cada vez mayor incidencia de la toxina, según se desprende de los datos de muestreos históricos.

Es difícil hacer pronósticos y es cierto que la aparición de la marea roja resulta imprevisible, pero, pensando también en el trabajo futuro de los profesionales que faenan en otras partes de Galicia, sería conveniente determinar en qué medida puede intentar sortearse.

Ahora son los profesionales noieses los afectados, al igual que los bateeiros de esa zona, pero en otras ocasiones han sido los de la ría de Arousa, o de Pontevedra. La existencia de un cambio climático es más que evidente y habrá que comenzar a pensar en qué medida puede eso afectar a una de las columnas vertebrales de Galicia: el sector extractivo.

Algunos expertos aseguran que parar el cambio climático todavía es posible. Creo que estamos en un momento muy peligroso para el ecosistema y es preciso que empecemos a darnos cuenta.