Solidarios


Andamos los gallegos con «catro cuartas de peito», que decían Os Heredeiros da Crus, a cuenta de lo que sibilinamente nos susurran al oído los políticos que nos (des)gobiernan y los que nos quieren (des)gobernar. Nosotros, haciendo bueno el refrán, conscientes de nuestras miserias, nos dejamos querer. Porque podemos tener otras virtudes, pero la de solidarios así en plan barra libre y universal, al igual que lo del trabajo en equipo y la economía social, nos hace chirriar las costuras de un corsé tejido puntada a puntada, putada a putada, durante dos mil quinientos años. Somos solidarios de forma aislada; cuando la necesidad aprieta o casi ahoga.

Ellos pastelean nuestro amor propio, y patrio, para que olvidemos sus reincidentes incompetencias. También las nuestras, pues somos responsables subsidiarios. A mí me hierve la sangre cuando veo bonitas proclamas de pueblo digno a cuenta de recoger chapapote con las manos y apagar incendios con meadas, al ritmo de ¡qué grandes somos los gallegos! Y pienso ¡qué gilipollas somos! Porque consentimos que hubiese un Policomander, un Urquiola, un Andrios Patria, un Casón, un Mar Egeo, un Prestige -¿cuál será el siguiente?-, o que cada pocos años se queme media Galicia 2002, 2006, 2017 -¿cuándo será el siguiente?- Incapaces de escoger a personas para gestionar estas tragedias, incluso asumimos su periodicidad con pasmosa naturalidad.

Y no olvidemos que quien prende los fuegos -que no son solo dos locos- son gallegos. No una banda de terroristas, ni un complot portugués-izquierdista. Que aquí se nos va la olla con facilidad.

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