«O ayudábamos o se quemaba Vigo»

Amelia Vázquez participó en la cadena de vecinos que salieron a las calles para hacer frente a las llamas y su entrega fue retratada para poner nombre a la lucha social

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Vigo / La Voz

Amelia Vázquez apareció en la primera página de La Voz sin quererlo ni saberlo. No posó, tampoco se arregló, pero su esfuerzo desinteresado y cívico, como el de centenares de vigueses, fue retratado por la fotógrafa M. Moralejo en la noche del domingo portando una tina de agua cuando el fuego avanzaba sin control en diferentes puntos del perímetro de Vigo. El martes, recién salida de su trabajo en El Corte Inglés, su aspecto era muy diferente. Bien peinada y maquillada, y sobre todo, mucho más tranquila, recordaba todo lo vivido aquella noche y la sorpresa que le supuso verse en La Voz del lunes formando parte de una cadena humana. Era una persona más de las cerca de 300 que se concentraron en el camino de A Seña. El fuego entró por una finca abandonada rodeada de casas y edificios. A pocos metros está la peluquería de su madre, Emilia Nicolás. Ambas, igual que otros familiares cuyas casas y pisos se reparten por Vigo, se movilizaron con urgencia para evitar que la tragedia fuese a más.

«No hubo dudas, o ayudábamos o se quemaba Vigo. Yo estaba en casa a última hora de la tarde, con ropa para descansar, cuando empezaron a llegar mensajes al móvil. Nos decían que las fotos eran de la avenida de Florida, que es donde nuestra madre tiene la peluquería. No lo pensamos, nos fuimos con lo puesto y sin saber muy bien qué podríamos hacer. Al llegar nos encontramos con mucha gente de diferentes lugares de la ciudad, todos con ganas de ayudar, pero sin saber muy bien cómo hacerlo. Cuando nos dimos cuenta, las dos cadenas humanas empezaban a formarse y aparecieron tinas y mangueras».

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Amelia recuerda que el caos llegaba a tal extremo que los bomberos estaban sobrepasados. «Los echamos en falta, pero de ahí nació la iniciativa de moverse, de hacer algo para frenar aquel infierno. Cuando llegaron, los vimos sobrepasados, pero nosotros, que éramos unas 300 personas, ya estábamos organizados en dos cadenas y nos dejaron trabajar. Su papel fue muy correcto y se quedaron por si pasaba algo. Llegó un momento, ya cuando casi no había fuego, que se acabó el agua. Incluso los rumores de que a medianoche se cortaría el suministro municipal nos asustaron mucho».

La ayuda prestada por Digna, una señora que vive de siempre al lado de la peluquería familiar, fue crucial. El pozo particular que tiene en su casa se vació literalmente para que el fuego no llegase a las casas y a los edificios que hay en el entorno del camino de A Seña. Emilia Nicolás, el martes por la tarde, recordaba los malos momentos vividos el domingo mientras peinaba a una clienta. «Este es mi barrio, me crie aquí. Cómo no iba a venir, conocemos a todo el mundo. Imagínese como fue que hasta vinieron mis padres, que tienen más de 70 años. Yo también estaba en la cadena humana, pero menos mal que no salí en la foto, como mi hija. No estaba vestida para eso», bromeaba el martes poco antes de recorrer la zona de los horrores en la que se convirtió el entorno de su negocio el domingo.

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JAVIER ROMERO
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El fuego arrasó la nave de una firma eléctrica en la que explotó un camión con 40 litros de gasolina en Fragoselo

Juan Manuel Soaje y José Jorge Martínez vivían de la fiesta. Concretamente de poner luces, sonido y todo los relacionado con instalaciones eléctricas en festejos, tanto en Vigo como en su entorno. Arcos con bombillas, altavoces o farolillos eran sus herramientas de trabajo, el fuego acabó con todo el domingo sin que ellos, a muy poca distancia, pudieran hacer nada. La nave de almacenamiento que poseen se ubica en Fragoselo, una de las muchas zonas cero de los incendios que cercaron y entraron en Vigo.

«Nos avisaron a media tarde de que el fuego estaba llegando a la zona y nos desplazamos lo más rápido que pudimos. Al llegar nos encontramos con un cordón de seguridad que no nos permitió pasar. Eran las ocho de la tarde y sabíamos que el fuego no había llegado todavía a la nave, intentamos razonar con los agentes, pero fue imposible. Ellos hacían su trabajo, todas las casas del lugar estaban desalojadas y nosotros tuvimos que quedarnos allí con una sensación de impotencia muy grande», explica José Manuel Soaje, que empezó con 14 años a trabajar en la firma Electro Radio Comesaña hasta coger el relevo del fundador y único propietario.

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La lluvia hizo acto de presencia en Vigo pasadas las seis de la tarde del martes. Madre e hija pocas veces agradecieron tanto ver las calles mojadas. Mientras, y bajo un paraguas, confesaban haber vivido un horror, aunque, en esta ocasión y ya mirando a la cámara, vestidas y arregladas. Algo que ambas agradecieron a la vez que se mostraban orgullosas de haber aportado su granito de arena en la gesta.

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