Un monte hecho a medida

La ONU acaba de premiar la gestión y recuperación realizada por los comuneros del bosque de Froxán

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Ribeira / La Voz

La naturaleza es un patrimonio que en la mayoría de los casos sale bastante mal parado tras el paso de la mano del hombre. Sin embargo, existen excepciones en las que algunos montes que son castigados con incendios, especies invasoras o con intervenciones demasiado agresivas pueden ser recuperados y ofrecer un verdadero tesoro para el disfrute de vecinos y visitantes. Esto es un ejemplo de lo que ha ocurrido con el bosque de Froxán, en Lousame, donde el trabajo de recuperación realizado por un grupo de comuneros ha sido reconocido por un Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (ICCA), convirtiéndose en la primera distinción de este tipo que se concede en España y la tercera en Europa, y que comparte con el monte de Santiago de Covelo (Pontevedra).

Fue en la década de los años setenta cuando las 100 hectáreas de este monte de Froxán fueron clasificadas como comunales, y ahí comenzó un laborioso trabajo de gestión del espacio natural para rehabilitarlo, que se intensificó tras el último relevo generacional. «O obxectivo era cambiar a perspectiva de visión do monte con ideas innovadoras. Non enfocalo só ao tema de produción económica, senón intentar sacarlle outro proveito desde o punto de vista social e medioambiental», reconoció José Rodríguez Cao, que junto con sus compañeros centró sus primeras actuaciones en eliminar eucaliptos y acacias. Esta última es una especie «moi difícil de erradicar, porque intoxica o terreo para que non saian outras especies e reprodúcese facilmente».

Centros educativos

Paralelamente, se procedió a realizar varias plantaciones con castaños, nogales, carballos y distintas especies autóctonas, unos trabajos en los que también se contó con la colaboración de varios centros educativos, donde fueron los propios niños los que realizaron las tareas de reforestación. Otro problema añadido con el que se encontraron los comuneros de Froxán fue la cantidad de pozos que había en la zona debido a la actividad minera realizada en los siglos XIX y XX, y que les obligó a rellenar varias hectáreas de terreno.

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Precisamente, otro recuerdo que dejaron estos trabajos mineros es una gran construcción de piedra -ahora en estado ruinoso- que los comuneros quieren recuperar para convertirla en centro ambiental. La puesta en marcha de esta instalación podría servir de punto de atracción para los visitantes que quieran conocer este privilegiado entorno, en el que también se planea realizar rutas de senderismo que permitirían recorrer a pie uno de los mejores bosques del mundo según las Naciones Unidas.

«Os inspectores foron como espías secretos, non os vimos diante»

«Por Internet». Así se enteraron en Froxán de la existencia del reconocimiento de la ONU, una distinción para la que tuvieron que elaborar un proyecto y defender su candidatura delante de otras muchas. «Como era unha cousa nova, non sabiamos se tiñamos posibilidades. Puxémoslle ganas, fomos con esperanzas, e ao final houbo sorte e acadámolo», recordaba Cao, que reconoció que están orgullosísimos. Lo que no saben es cuándo visitaron los inspectores de la ONU Froxán, y eso que es un enclave al que no se llega fácilmente. «Foron como espías secretos, non os vimos diante». Ahora, queda seguir trabajando duro, puesto que dentro de cinco años se revisan los reconocimientos.

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