Con la madrileña son cinco las personas cuya pista se perdió en la comarca
02 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El caso de Diana Quer ha llevado a muchos barbanzanos a tratar de buscar respuestas a preguntas del tipo: ¿Es posible que a una persona se la trague la tierra? ¿Puede alguien desaparecer sin dejar rastro alguno? Pero, aunque no tuvieron tanta repercusión mediática, otros sucesos ocurridos anteriormente en la comarca suscitaron estos mismos interrogantes. Otras búsquedas infructuosas mantienen a varias familias en vilo. Son personas que, dado el tiempo transcurrido, dan por fallecidos a sus allegados, pero no haber encontrado los cuerpos les impide pasar página y desconocer si sus seres queridos tuvieron una muerte accidental o violenta les provoca una incertidumbre insufrible.
La desaparición más reciente, sin contar la de Diana Quer, cuya búsqueda continúa, fue la de Lino Fiúza, de 78 años. Este vecino de Carnota salió de su casa el 29 de enero con la intención de visitar a su hermana enferma en Ventín, lugar al que nunca llegó. Se organizaron batidas para peinar la zona de monte que separa ambos puntos, pero no se halló indicio alguno que permita arrojar luz sobre lo que ocurrió aquella tarde.
Unos meses antes, el 25 de julio del 2015, se le había perdido la pista a Manuela Lorenzo, de 70 años. Salió a pasear como hacía habitualmente por el entorno de su vivienda, en la aldea de Boimazán, en la parroquia boirense de Bealo, pero nunca regresó. También en este caso se organizaron grupos de vecinos que rastrearon el monte e incluso se utilizaron perros en las labores de búsqueda, pero estas no dieron fruto alguno.
Misterios ligados al mar
También es una incógnita lo que le ocurrió a Antonio González el 16 de enero del 2008. A sus 88 años, este pobrense salió a pasear, con la ayuda de su bastón, por la zona de Cabío. Tras varios días de búsqueda infructuosa, se dio por buena la hipótesis de que, a causa de algún infortunio, su cuerpo acabó en el mar.
En otro punto del litoral de Barbanza, Corrubedo, es donde se le perdió la pista a la compostelana María José Arcos. Su coche apareció, en 1996, al pie del faro, pero nunca llegó a desvelarse lo que le ocurrió a la mujer. El suicidio y el asesinato fueron las hipótesis barajadas. La segunda cobró fuerza en el 2011, cuando llegó a haber un detenido, cuyas fincas se rastrearon con un georradar. Finalmente quedó libre de todos los cargos.