Aylan, Omran y todos los demás


Para estar en pleno mes de agosto, este año no nos podemos quejar de falta de asuntos de actualidad que comentar en la tertulia del café o con los que encabezar los titulares. Es más, estamos tan ocupados con los asuntos domésticos que lo único que vemos más allá de nuestras fronteras son los Juegos Olímpicos de Río. Todo el mundo está pendiente de las nuevas preseas que poco a poco se van incorporando al medallero de la delegación española, y los más futboleros tienen a la vuelta de la esquina el inicio de la Liga. Pero no todo está perdido para aquellos a los que el deporte no les interesa lo más mínimo: tienen entretenimiento de sobra en la actualidad política.

Ya hay fecha para el debate de investidura, anunció ayer Rajoy que será el 30 de agosto, así que de aquí a esa fecha a buen seguro que, entre unos partidos y otros, nos diviertan con sus cruces de declaraciones sobre qué conviene más a España o lo nefastos que son los contrarios. Y acto seguido nos encontraremos ya con la precampaña para las autonómicas, así que el apartado político está más que cubierto. Entremedias, es posible que se cuele en la actualidad algún nuevo incendio, la gran lacra del monte gallego, o siempre puede aparecer Trump diciendo alguna barbaridad, producirse algún suceso escabroso que alimente el morbo o, quién sabe, hacerse público algún escándalo mayúsculo relacionado con los personajes que pueblan espacios televisivos y el papel cuché.

Todo vale con tal de mirar hacia otro lado. Cualquiera de esas noticias es capaz de captar nuestra atención y conseguir que olvidemos, como hemos hecho ya, que en el mundo, y particularmente en Siria, sigue habiendo guerras que siembran odio y muerte. Viene esto a cuento de una imagen que ayer se hizo viral, un niño, otro niño, herido en un bombardeo, incapaz de derramar ni una sola lágrima, que se ha convertido en símbolo, otro más, del conflicto armado en su país.

Solo una imagen tan dura como esa es capaz de sacarnos de nuestro letargo, de nuestra realidad paralela, para volver a situarnos en el mundo, para que nos revolvamos y nos preguntemos qué podemos hacer. Pero será, de nuevo, un impacto pasajero. Existe en antecedente de Aylan. Su foto logró llevar el foco al drama de los refugiados, igual que luego hicieron las imágenes de otros niños que esperaban en campos de refugiados su oportunidad de llegar a Europa. Hubo una enorme movilización, muestras de solidaridad en todo el mundo, también en la comarca, todo el mundo se ofreció para acoger a desplazados, para enviar mantas, ropa, comida, ayuda... Pero pasó el tiempo, nos olvidamos de la acogida y de todo lo demás, enfrascados en nuestra propia actualidad.

Por Marta Gómez CIUDADANA

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