Seis gallos y un par de quicas para San Benito

La localidad de Porto do Son se vistió de fiesta para rendir culto al santo y solicitar la curación de sus verrugas

a.G.
ribeira / la voz

Cuando la gente acude a San Benito para curar sus dolencias y quitar sus verrugas, lo hace con el pañuelo en la mano como manda la tradición. Pero en la localidad sonense de San Pedro de Muro, la veneración al santo cada once de julio llega a convertirse en toda una fiesta, y ayer no iba a ser menos.

Una vez terminadas las misas celebradas a lo largo de la mañana, y bajo el sol de mediodía, daba comienzo la procesión. Delante, la imagen de San Benito de Seráns rodeaba la capilla portada sobre los hombros de varios devotos, al ritmo de una marcha procesional interpretada por la Banda de Música de Caamaño. Detrás, decenas de fieles del lugar y de municipios próximos lo acompañaban en su recorrido.

Los pañuelos cubrían la fuente y los muros que se sitúan en torno al santuario siguiendo la costumbre: «Unha vez que pasas o pano co aceite ou o ramallete de oliveira benditos sobre a verruga has de colocalos no muro para que sequen e acaben ca doenza», comentaba Rosa, devota del mártir. En los puestos de rosquillas y bebidas también se agrupaban los asistentes al acontecimiento, como parte del ritual.

No faltaba nada en una romería que poco varió con el paso de los años, recordaba Francisco Veiras, Director de la banda encargada de amenizar la cita: «Teño 84 anos e levo vindo tocar dende os 9 e, polo que podo dicir, non cambiou moito. O número de persoas que acode é similar, só que agora xa non traen a súa comida e se sentan no campo ao carón da igrexa para xantar, como se facía antes, senón que veñen e van».

Tras el remate de la procesión, los músicos hicieron sonar sus instrumentos ejecutando diversas piezas, mientras los espectadores se iban colocando para presenciar una subasta en honor de San Benito, que se lleva celebrando desde que Francisco tiene recuerdo. Él mismo pasó a convertirse en maestro de ceremonias durante unos minutos.

A la una, a las dos y a las tres

Sin duda alguna, la clásica puja de gallos, en la que los animales son ofrecidos por los vecinos al santo para luego ser subastados en su honra, fue la gran protagonista del día, como era de esperar. Este año, las donaciones ascendieron a seis gallos y dos quicas.

Los participantes se hicieron hueco escondiéndose del sol que pegaba fuerte, o buscando un sitio en el que pudiesen divisar lo que estaba ocurriendo, al mismo tiempo que Francisco Veiras se preparaba para cantar las pujas de cada ave.

Y entre carcajadas y caras de asombro por parte de los asistentes, los gallos pasaron de subastarse desde los 20 euros de inicio a los 61 finales. El dinero recaudado en elacto fue destinado a la Iglesia, en ofrecimiento a San Benito.

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