Cuando uno piensa en la lucha de los preferentistas barbanzanos se acuerda de determinados rostros. El de María José Gómez, de Ribeira, es uno de ellos. Esta mujer, que al lado de su madre fue de las primeras en plantarse en la calle con sus pancartas, acaba de recuperar su dinero. El banco la llamó para negociar y aceptó. Al preguntarle qué siente tras dos años de lucha, su respuesta es clara: «Alivio, siento mucho alivio».
María José resume bien lo vivido por miles de gallegos. Cuando empezó a manifestarse era una persona. Y cuando dejó de hacerlo era otra. Al principio, aunque convencida de que le habían robado sus ahorros, lograba protestar con serenidad. Pero el tiempo, «las muchas noches sin dormir y los días pendientes de que el banco te llamara», señala, fueron pudiendo con su aplomo. En las últimas protestas se la veía desencajada. Lloraba sin parar. Gritaba. Se desesperaba. «Es que no podíamos entender que llamasen para el arbitraje a personas que ni protestaron ni nada y a nosotros, que estábamos en la calle desesperados, no».
Al preguntarle si continuará en la plataforma ahora que recuperó su dinero, lo tiene claro: «Por supuesto, seguimos hasta que todos cobren. Se acabó la pesadilla, pero fue terrorífica, y para alguna gente aún no terminó».